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La crónica roja también vota


@| Nadie, ni siquiera sus rivales políticos, puede negar los diversos logros del actual gobierno, (tampoco sus ventilados, graves y castigados errores )
Sin embargo, el fracaso electoral de la coalición política más grande y plural de la historia uruguaya, parece estar anticipadamente, asegurado. Aún así, la balanza se inclinaría a favor de un cuarto período de gobierno frentista, si sus dirigentes echaran mano del sentido común y escucharan a toda la población, incluidos sus propios votantes.

El delincuente no te pregunta a quien votaste. Te roba, te mata y listo. Sabe (los hechos cantan) que no pasa nada. Y aunque seleccionara a sus víctimas por el color de su partido, eso no lo haría decente. La vida de mi rival político vale tanto como la mía y debo cuidar de sus derechos que, en definitiva, son los míos también.

De nada valdrán, decía, en el cuarto secreto, las diversas conquistas sociales de estos últimos 15 años.

No hay actitud más necia , en cualquier dirigente social o político, que hacer oídos sordos al justo reclamo de la gente. Es suicida, políticamente, no escuchar al pueblo. Y el pueblo uruguayo, aburrido de tanta excusa fútil e inoperancia supina, nunca estuvo más conteste en un punto que nos afecta a todos por igual y que terminará por inclinar el platillo hacia quien prometa (tal vez un recién llegado o un antiguo archiconocido, tanto da) librarnos de la creciente epidemia de violencia criminal.

Hemos llegado a límites desconocidos de violencia irracional, (ahora incendiaria), sin que las fuerzas del orden y su inefable conductor encuentren la forma de devolvernos algo de tranquilidad a los que pagamos con nuestro dinero por el derecho a vivir en paz. Si pago siempre y mi contraparte no cumple nunca, uno de los dos está en falta...

Cámaras y más cámaras de high definition y reconocimiento facial , que pagamos a precio de sangre honrada, solo para registrar nuestra propia ejecución. Dinero al santo... botón.

Alguien, con un poco menos de soberbia y un algo más de dignidad, ya hubiese presentado y efectuado su renuncia, aunque no se lo aceptase el señor Presidente ni el Parlamento en pleno.

Y conste que no conozco al señor Ministro. No sé, ni me interesa, si es buenísimo cocinando o si juega al ludo como los dioses. Solo valoro al árbol por sus frutos , como me educaron mis mayores. Los mismos que me hicieron leer y comprender la moraleja del caballo y del caballero que perdieron sus vidas por la negligencia de un necio en reponer un simple clavo faltante en una de las herraduras.

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