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Corrupción y aftosa


@| El virus de la corrupción se disemina y toma gran parte de América.
Ya son 12 países en 3 continentes y el nuestro es el más enfermo. Brasil, Venezuela, República Dominicana, Panamá, Argentina, Ecuador, Perú, Guatemala y México presentan signos de enfermedad, unos tiemblan, otros balbucean nombres, algunos temen ser descubiertos.

Dilma Rousseff (Brasil) y Pedro Pablo Kuczynski (Perú) no terminaron sus mandatos. Al parecer todos los ex mandatarios peruanos, desde el regreso de la democracia, están en prisión preventiva, prófugos o siendo investigados.

Ecuador no se mantiene al margen, el ex presidente Rafael Correa está siendo investigado, acusado por su propio hermano, mientras parte de su gabinete está bajo la lupa.

El dictador venezolano Nicolás Maduro, quien además se ha convertido en un gran manipulador mediático, grita con verborragia ante las cámaras que todos los corruptos irán presos.

Este es en un país sin régimen constitucional, donde, además de los presos políticos, hay más de 150 muertos por colectivos y militares afines al gobierno. ¿Cómo esperar justicia si en realidad no existe?

La semana pasada el llamado por algunos “Presidente de los pobres”, Lula da Silva, fue condenado a prisión por recibir un lujoso apartamento a cambio de favores.

Por el año 2000 la fiebre aftosa, se apoderaba de gran parte de nuestro continente, provocando pérdidas millonarias a pequeños, medianos y grandes productores.

En ese momento se invirtieron miles de dólares para detener la enfermedad; casi 20 años después, cientos de millones de dólares se regalan para apoyar candidaturas, licitaciones de carreteras y puentes, entre otros.
Por otro lado, aunque Uruguay pareciera mantenerse al margen de la corrupción, no hay control sanitario alguno, pero sí condiciones climáticas favorables al desarrollo de la virulencia.

Políticos que malgastan dinero en fiestas, tarjetas corporativas y negocios “turbios”. ¡Es que no estábamos vacunados contra la aftosa! El virus de la corrupción no distingue ideología, por más que en este caso la balanza se incline hacia la izquierda.

La justicia, respetando la verdad e igualdad, debe continuar con su plan sanitario y erradicar, bajo el amparo de la ley, a todos los corruptores y corrompidos.

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