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Consejos perversos


@|Sr. Bonomi, con el mayor respeto, siento le ha llegado la hora de dar un paso al costado.

En menos de 72 horas, tres uruguayos de bien, actuaron con valentía y honor, dispuestos a entregar sus vidas, intentando evitar que rapiñaran a compatriotas indefensos. 

Según su egoísta línea de razonamiento, podemos pensar que los tres se encuentran internados debatiéndose entre la vida y la muerte por la sencilla razón de no escuchar y seguir sus inescrupulosos y cobardes consejos.  

No tengo dudas Sr. Ministro, que es mucho más sencillo permanecer pasivos ante la delincuencia que intervenir en un hecho de esa naturaleza, con el consabido riesgo de perder lo más sagrado que tenemos, ¡nuestra vida..! 

Lo que usted desconoce, mal que le pese, es que el “uruguayo bien parido”, es diferente al resto de los ciudadanos del mundo.

Por más que usted aconseje estúpidamente mantenernos pasivos, condescendientes y sumisos frente a la horda de delincuentes que azotan el país, al grado de apañarlos como si ellos fueran las víctimas, habrá siempre un desobediente dispuesto a entregar su vida por ayudar a un compatriota en aprietos.  

El uruguayo, es, fue y será un actor importante en situaciones límites donde todo parece estar perdido, y las chances de éxito son por demás exiguas.
Dicen que una mentira repetida mil veces se transforma en verdad...
Yo lo modifico y digo: “las palabras de un ministro, repetidas mil veces, se transforman en ley”.

Y usted, irresponsablemente, pero con infinita soberbia, repitió hasta el hartazgo a los ciudadanos que no resistan la rapiña, que entreguen todo pacíficamente, siempre con las manos a la vista, para no generar una reacción que pudiera provocar males mayores.

Sus iluminados comentarios trajeron aparejados los problemas que hoy explotan en su cara. Ante cualquier reacción de la víctima, o de un valiente testigo que acude a brindar ayuda, se sienten con la autoridad moral de quitarte la vida, así porque si.

El razonamiento es sencillo: Bonomi te dijo que te quedaras quieto y me dieras todo, no lo hiciste y te masacré a tiros o puñaladas.

Así las cosas, todo hace pensar que estas muestras de desobediencia no son aisladas, sino el principio de un camino sin retorno, donde las verdaderas víctimas comienzan a reconocer a sus pares y salen en su defensa.

Mucho hizo y sigue usted haciendo en aras de desarmar a la población civil, honesta y trabajadora, mientras los delincuentes siguen equipándose cada vez más y de mejor manera.

Y no hablo del “pesado”, ese tipo que se arma para copar un local de cobranza, un banco o una remesa, consciente que sale a jugarse la vida, dejando en este momento fuera de discusión si lo que hace está bien o está mal. Yo le hablo en este momento del “pichi” que nada tiene para perder, ese que sale a robar “armado” a una madre cuando va a buscar sus hijos a una escuela en Maldonado, a la enfermera que deja su puesto de trabajo en 8 de Octubre y Comandante Braga, a la muchacha que trabajaba 12 y 14 horas en su almacén en Fray Bentos.

Sr. Ministro, a ese lúmpen disfrazado de delincuente, el uruguayo le está diciendo basta, le está perdiendo el miedo y le comenzó a hacer frente. Y todo porque está cansado de ellos y obviamente también de usted, de su incapacidad, su mediocridad, su cinismo y su soberbia. Estamos cansados de escuchar su discurso monocorde, cansino, monótono, aburrido y sin contenido.

Sin intentar hacer apología del delito, sugiero de corazón renuncie de una vez por todas, dando lugar a gente joven, preparada cultural e intelectualmente, con ideas nuevas y renovadoras.

Si quiere engordar aún más su ego, crea que el Parlamento sin usted dejaría de funcionar, que lo necesita como a nadie, corra hacia esa banca y despunte allí sus ganas de hacer política.

Los muertos que están por venir son muchos, pero no creo que sean de un solo lado. Es inminente la reacción en masa de las verdaderas víctimas, es decir, nosotros, los laburantes honestos que hicimos y queremos un país de verdad.

No se extrañe cuando el juego empiece a emparejarse, y sean sus protegidos, consentidos y apañados delincuentes los que caigan en desgracia en manos de más y más rebeldes, que poco o nulo caso harán a sus inútiles consejos.

Por el bien de todos, acepte su fracaso y renuncie ahora que todavía estamos a tiempo de revertir en algo esta difícil situación.

Usted está tranquilo pues sabe bien que el pueblo uruguayo congrega multitudes por 18 de Julio, para manifestarse en defensa de cualquier colectivo minoritario (con el respeto que ellos merecen), pero poco hacen para sacar del cargo a un Ministro estrepitosamente fracasado.

Desde mi lugar, ¡no callaré en el intento..!

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