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Según y conforme


@|Días pasados escuchamos declaraciones del ex Presidente de la República José Mujica, referentes al fallecimiento de Luisa Cuesta (una gran luchadora social que dedicó hasta sus últimos momentos a la búsqueda de la verdad en lo referente a los desaparecidos durante la Dictadura Militar). Contestando una pregunta del periodista en lo que tiene que ver con la circunstancia de que se fue de la vida terrenal sin conocer esa verdad, el mismo expresó: “Es muy negativo, muy doloroso, y a veces hay cosas que no tienen otra respuesta que la tortura, para encontrar la verdad”. Confesamos que tuvimos que escuchar más de una vez tales declaraciones, porque nos costaba siquiera pensar, que el ex Presidente hubiera dicho lo que dijo.
Después de diversas escuchas confirmamos que habíamos entendido bien: se puede investigar, se puede averiguar, se puede recurrir a las posibilidades más sofisticadas para encontrar la verdad, pero si en última instancia no se logra el objetivo, queda una solución extrema: la tortura. ¡Se cayó la estantería! La tortura está mal o está bien, según cuál es el objetivo que se persigue a través de ella; o mejor dicho, cuáles son los objetivos que persiguen aquellos que la practican. 

Nos parece -modestamente- que muchos militantes en contra de la tortura, están representados en esta forma de pensar expresada por Mujica.

Estamos los otros -a quienes Mujica no nos representa ni nunca nos representó- que creemos que la tortura es una aberración humana, una manifestación de la degradación del ser humano y que no existe objetivo altruista que pueda llegar a justificarla. 

Nos hemos sentado a esperar frente a estas impactantes declaraciones (impactantes para muchos fanáticos o que se creen determinados versos, no para quienes piensan y analizan), para apreciar las reacciones de personas, organizaciones nacionales y/o internacionales que siempre las hemos visto especialmente preocupadas por este tema, y la verdad que han pasado las horas y la reacciones no llegan, ni siquiera una insinuación de que puedan producirse (y cuando se produce tarde, queda la impresión que ello es producto del tiempo que ha llevado el poder “acomodar el cuerpo”). 

Lo único que se nos ocurre como reflexión final, es que para muchas de esas personas u organizaciones (por más aparente relevancia que pretendan tener), el tema de la tortura como método de investigación estará mal o bien, “según y conforme”.

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