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Confesión y predicción


@| “Para que me arrestás si el juez me suelta enseguida”, palabras de detenidos a policías. Como si el paso por el juzgado fuera a través de un corredor por el que no se paga peaje. Es grave, ¿verdad? Retrata un panorama real, que demuestra la inefectividad del sistema. Sistema que uno presume tiene que desalentar las motivaciones del delito, cuando en realidad el desaliento es para el accionar de los agentes policiales. Después hay que escuchar “a los de afuera” tildar de agoreras las palabras de un jerarca quien también al ser parte del sistema hace un diagnóstico que tiene mucho de confesión. No se necesita hurgar en las centurias de Nostradamus para ver lo que se nos viene. Pasó con el fútbol y las barras bravas cuando hace unos años era impensable. No entiendo pues, el escándalo de algunos opinólogos ante las predicciones de Layera. Surgieron voces histéricas de reproche porque se “les daba pasto a las fieras”, o sea a la oposición para que preparara su “menú punitivo”-llegaron a decir- Que quede bien claro, a la gente le rechina la reincidencia, el peso “pluma” de los antecedentes, las carreras meteóricas exentas de vallas de los delincuentes, las penas que no están en consonancia con los delitos, la gente añora las normas vigentes que antes se hacían respetar. Eso no está contrapuesto (como algunos interesadamente lo quieren hacer ver) con políticas de inserción social y el combate a las causas del delito y la violencia. Son cosas que corren paralelas en el mismo sentido.

Dentro de las tan recomendadas medidas sustitutivas se ha sobrevalorado la figura de la prisión domiciliaria. De todos lados nos torpedean los entendidos haciéndonos ver que es una medida alternativa que se está tomando en sociedades avanzadas. Al Gobierno y sus afines le viene bien que el sistema punitivo recurra a esa medida por obvias razones económicas, entre ellas dilatar en el tiempo la impostergable construcción de cárceles adecuadas. Le viene de perlas el perenne discurso de que la cárcel no rehabilita y que así como está es una universidad del delito. Por otra parte ¿quién puede asegurar que la prisión casera rehabilite? ¿Quién tiene actualmente la responsabilidad que las cárceles se hayan convertido en el agujero negro de Calcuta? Se necesita un cambio de rumbo para revertirlo. Ese cambio de rumbo tiene un precio en metálico que no se quiere pagar. Es más fácil recurrir a la dialéctica, hacer “llover sobre mojado”, socializar la culpa, que tomar al toro por las astas.

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