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Conductas de docentes bajo la lupa


@|Si algo debe caracterizar la conducta de un docente, desde los tiempos más remotos, es el de constituirse en un referente para los estudiantes que tiene a su cargo. No sólo de la asignatura o materia que desarrolla y transmite de acuerdo a su didáctica y métodos pedagógicos, de conformidad con un programa previamente establecido, sino también como ejemplo a seguir, en muchos aspectos que hacen a la formación que se recibe, ya sea en su materia como en valores morales y cívicos.

Estos programas, están diseñados de acuerdo con la carga horaria semanal a brindarse, en un total de días de clase, los que luego, se llevarán adelante según la planificación anual que se formule, con la flexibilidad que cada grupo presente.

Tanto en la enseñanza pública como en la privada, habilitada por las autoridades competentes en la materia, las inspecciones docentes serán las que evalúen el desempeño y el grado de cumplimiento del mencionado programa, sin perjuicio de la autoridad de los directores de cada uno de los centros educativos.

En los últimos días, han tomado estado público conductas de docentes que en nada se compadecen con los valores morales que se aguarda de ellos, y por cierto los desprestigian.

En un caso por abusar en forma reiterada de las licencias gremiales, sin advertir que sus ausencias no sólo perjudicaron a sus estudiantes al no recibir las horas previstas ni los días que se le establecieron para desarrollar el programa de su materia; sino además en puridad significaron (aunque duela escucharlo) apropiarse indebidamente de sueldos que no tuvieron retención alguna por esas faltas (las que han pretendido justificarse aduciendo tareas gremiales) que excedieron y en gran medida, las legalmente concedidas para tales fines.

No se trata aquí de una persecución política, como se pretende por el implicado y su gremio, se trata lisa y llanamente de una conducta a todas luces inaceptable, cuando no ilegal, por donde se la observe.

En otro, compartir a través de redes sociales experiencias de la vida íntima o las preferencias sexuales, por parte de quien se encuentra al frente de uno o varios grupos de jóvenes adolescentes, con total indiferencia por las consecuencias que ello pudiere causar en esa exposición sin filtro alguno, en la formación de sus educandos (entre los que tecnología mediante, se extendieron sus videos); va mucho más allá de la libertad de expresión o de las políticas de género e inclusión o libertad de elección.

Resulta gratuitamente transgresora su conducta y debieron las autoridades de los centros privados, tomar cartas en el asunto e impedir el ejercicio del cargo docente.

Otro asunto no menor, ya que a nuestro leal entender viola el sagrado principio de la laicidad, es buscar adhesiones contra la Ley de Urgente Consideración dentro de los centros educativos, lo que evidencia una clara violación no sólo a ese principio, sino además desconoce la norma constitucional que impone a cada funcionario público, estar al servicio de la función y de una facción política.

Lo mínimo que un padre espera del docente de sus hijos es que dominen la materia que imparten, pero no basta sólo con eso.

Deben ser también ejemplo, de cumplimiento de horas y días de clase, de probidad moral, de transmisión de valores democráticos y republicanos. Ejemplo de ese cúmulo de valores que una vez hicieron grande a nuestro país, en el concierto regional y mundial.

Si a la carencia comprobada de comprensión lectora, le sumamos estas conductas a todas luces reñidas con la legalidad, el daño producido es muy difícil de evaluar.

Deben finalmente, asumirse responsabilidades y perseguirse estos desvíos, que vistiéndose de ropajes que no les corresponden, sólo atentan contra el sistema educativo y la formación de nuestros ciudadanos.

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