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Combate atávico

Nuevamente intolerancia


 “El antisemitismo tiene raíces muy profundas en la sociedad francesa, declaró el martes 19 de febrero el Primer Ministro Edouard Philippe.
Esa noche en varias ciudades de Francia se congregaron miles de personas para manifestar contra la constante y creciente ola de violencia antisemita en el país.

El día anterior, el cementerio judío de Quatzenheim, un pueblo de 800 habitantes amaneció con 80 tumbas pintadas con esvásticas nazis azules y amarillas.

El escritor y filósofo Alain Finkielkraut fue agredido e insultado en las calles de París; un retrato de Simone Veil, sobreviviente de los nazis y Ministra de Estado fue vandalizado.

El gobierno francés ha condenado severamente este crecimiento del odio antijudío que aumentó un 74% el último año.El gobierno de Alemania también condena y combate el antisemitismo y en la misma línea están los gobiernos del resto de Europa donde el racismo, la discriminación y el antisemitismo aumentan exponencialmente.

Pero el Primer Ministro francés tiene razón. El antisemitismo tiene raíces profundas, no sólo en Francia, como él lo señala sino en toda Europa.
La expresión del Presidente Macron :“Cada vez que un francés, por ser judío, es insultado o amenazado, o incluso peor, es herido o asesinado, lo es toda la República”, es un signo positivo para este siglo XXI, ya que ninguna autoridad de ese nivel impidió el juicio a Dreyfuss, y fueron los franceses de 1942 los que entregaron los judíos a los nazis después de encerrarlos y vejarlos en el malhadado Velódromo.

Pero la educación y los sentimientos de la gente, de las multitudes, de los vecinos, no se modifica tan fácilmente aunque los gobiernos hagan esfuerzos y en particular declaraciones públicas.

Los odios atávicos en Europa renuevan su avance desde hace varios años y a la larga sólo tienen como contrapartida, declaraciones. ¿Cuántos asesinatos, agresiones, vandalizaciones hemos visto en Francia en el último lustro? Muchas. Demasiadas. Además de los contagios en Suecia, Bélgica, Alemania, España, Noruega, por citar algunos.

Y por supuesto, en América Latina. Hace tres años asesinaron a David Fremd en Paysandú por ser judío. Crimen de odio que condenó todo su Paysandú natal y los que creemos en la democracia y la libertad.
Pero allí está el germen. En las Américas, en Europa. Y si alguien cree que agresiones como la que sufrió Finkielkraut o la barbarie que sufrimos en Uruguay hace tres años son hechos aislados, se equivoca.

El odio, la incitación, la discriminación, se combate. Y si la democracia no usa sus armas legales con seriedad y firmeza, el combate se pierde. Tal como lo ha dicho implícitamente el Primer Ministro de Francia.

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