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La clase política al poder


@| Gestión basada en ideologías políticas. 

Un problema crítico que ha sufrido Uruguay en su historia fue y es la infiltración por la ideología política partidaria de todos los estamentos públicos, sean empresas públicas, entes autónomos y servicios descentralizados.  

La diferencia entre la eficiencia, eficacia o el fracaso y el estancamiento está en la modalidad de gestión pública y en cuáles son las bases de la toma de decisiones. El principio de Peters indica que todas las personas tienen un nivel de incompetencia cuando son elevados a un grado de responsabilidad que supera sus conocimientos habilidades destrezas y aptitudes. Esta frontera solo puede desplazarse con capacitación continua.

Pero cuando el Estado es el botín los líderes formales ciegamente leales a las fuerzas políticas que los promueven toman decisiones en nombre de sus banderas partidarias sin interesar el futuro y el bienestar de la población.
El poder político nubla a los intuitivos y a los reactivos pero no a los líderes exitosos. La clase política promueve y defiende a sus correligionarios, en el desempeño de sus cargos y responsabilidades inherentes a la categoría de alto funcionario del gobierno, sin importar si la gestión fue exitosa pobre magra corrupta o ilegal para ellos importa el partido porque lo político está por encima del beneficio difuso de la población. A las pruebas hay que remitirse.  

El Uruguay del siglo XXI es muy poco diferente al que construyó José Batlle y Ordóñez a inicios del siglo XX. 

La matriz energética y las represas las rutas nacionales, los accesos de Montevideo, la reforma valeriana se las debemos a las dictaduras.
La rambla de Montevideo, el viaducto, el túnel de 8 de octubre, el Parque Batlle y las grandes obras fueron hechas a inicios del siglo XX, no por las sucesivas clases políticas al poder.  

Las decisiones autárquicas intuitivas y amateur de la clase política al poder llevaron a Uruguay a cerrar AFE, PLUNA, ONDA perder las oportunidades comerciales derivadas de las guerras europeas, perder competitividad en el tipo de cambio, aumentar la pobreza, no saben que hacer con el agua, no saben añadir valor a los recursos primarios. 

No saben que hacer con la enseñanza ni siquiera tienen claro si el Estado debe enseñar o educar, no saben que hacer con los recursos del mar, los polos de atracción turística como Punta del Este y Piriápolis fueron emprendimientos privados de los argentinos Libermann y Piria, no saben generar una oferta turística singular que no sea una simple hotelería y gastronomía estándar basada en chivitos y chatarra.

No saben rentabilizar la rambla de Montevideo ni qué hacer con la educación física.  

No saben gestionar las playas y promueven a los avistamientos de toninas en la agenda de servicios al turista.  

No saben que hacer con los residuos ciudadanos ni qué hacer con lo que dejaron de Ancap.

La academia jamas es consultada y la clase política ha generado el paradigma de expulsar el talento humano castigando al exitoso en lugar de privilegiarlo.

Los políticos en la conducción de empresas públicas y estamentos del Estado son expertos en corrupción e ineficiencias, en amiguismo y clientelismo en manipular a las masas a través de los medios con retórica vacía, carecen de integridad y de ética, además de revelar serías limitaciones en la toma de decisiones.

La clase política es tan voraz por el poder más que su voracidad fiscal. En ellos predomina el pensamiento mágico, la posición dominante, las utópicas hipótesis de éxitos y la ausencia de coherencia y consistencia.
El político carece de autocrítica de autocontrol y de autogobierno tiene habilidades políticas pero no sociales que no sean las propias del ejercicio de la demagogia en dosis variables.

Los países del primer mundo que son líderes en desarrollo humano industrial y comercial se basan en gestionar al país como una gran empresa. Es impensable imaginar un político en un aula aprendiendo y capacitándose en management...

Se suele decir “que lindo el Uruguay lastima que esté lleno de uruguayos” pero en realidad la ecuación es “que lindo el Uruguay, lastima su clase política”.

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