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Carta de uno que volvió...


@|Hace cinco meses volví a Uruguay después de cinco años y medio de haberme ido a estudiar a Tailandia y a EE.UU. 

Me vi forzado a volver para encontrarme con un Uruguay peor de lo que imaginaba.

Sabía que en Uruguay el crimen y la violencia habían subido; que venía a enfrentar esta realidad luego de vivir cuatro años en EE.UU. en una casa en la cual la única medida de seguridad era una llave para abrir la puerta. Acá, en Montevideo, tenemos rejas en el frente de casa de casi tres metros de altura, en todas las puertas y ventanas, sistema de alarma y cámaras de vigilancia, además de alambrado eléctrico compartido con unos vecinos. La descripción de nuestra casa, así como la de la enorme mayoría de los uruguayos, se asemeja más a la de una cárcel que a la del hogar de una familia. 

Pero lo que si me llamó la atención no fue el tema de la inseguridad, ni el que los uruguayos tengamos que vivir como prisioneros, ni que los criminales dominen las calles y se rían en nuestras caras sabiendo que este gobierno los protege y los ampara. Lo nuevo y creo que más doloroso para mí, es el deterioro que noto en los ciudadanos en su forma de comportarse con respecto al prójimo y a la sociedad misma.

Los uruguayos a los ojos del mundo nos caracterizamos por ser personas bondadosas, alegres, amigables y dispuestas a estar ayudando al otro. Pero luego de tantos años de vivir afuera, noté un cambio muy grande en todo esto.

El respeto entre los vecinos desapareció completamente.

Todo esto se da por dos grandes puntos: la falta de autoridad total por parte del gobierno y además de una cultura que desarrollamos los uruguayos de mirar para el costado para evitarnos un problema.

Luego de prácticamente tres gobiernos enteros del Frente Amplio y casi treinta años del mismo en la IMM, han perdido toda autoridad sobre los ciudadanos y sobre los menores y mayores infractores. Se han jactado más de una vez de cómo quieren adoptar ideas de los países nórdicos, pero no las ponen en práctica.

En Europa, si uno ensucia la vía pública le va a costar tan caro que jamás va a volver a ensuciar por miedo a no poder pagar la próxima multa. La misma sociedad europea te va a presionar para que no seas mugriento y un maleducado y que tires la basura donde corresponde o que limpies lo que ensució tu perro.

El gobierno está oficiando como un padre al que jamás le dice que no a su hijo cuando hace algo que está mal. La sociedad se está convirtiendo en ese niño malcriado y maleducado que le pierde todo respeto a sus padres y como consecuencia al resto de la comunidad que integra.

Yo me pregunto: ¿es el gobierno el único culpable?

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