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A cantarle a Gardel


@| La habilidad de la coalición gobernante es sumarse a toda reivindicación de colectivos que tengan “gancho”, que aglutinen gente con el obvio propósito de captar simpatías. No lo hacen todos a la vez. Se reparten presencias dentro de su espectro político y cual si fuera un torneo de fútbol, hay determinadas “cabezas de serie” que según sea la demanda dicen “presente” en las distintas convocatorias y marchas enarbolando sus banderas aunque en ocasiones las mismas colisionen frontalmente con su dogma y con el pensamiento de sus íconos sagrados. Es un ejercicio “moderno” de militancia, últimamente también de exportación, que aprovecha descontentos y así suma moneditas para su alcancía.

Eligen como nadie los eslóganes adecuados para piropear al electorado y así mismo exacerbar el espíritu camisetero del fanático. Por ejemplo a quien no le puede caer bien frases tales como: “vamos a ser implacables con la delincuencia” o esta otra: “estamos listos para transformar la educación”. A la hora de la aplicación, las distintas ideas cual espermatozoides que pugnan entre sí para fecundar no logran salvar un cuello de botella y no pueden vencer la inercia. No tienen vacunas contra la corrupción como oportunamente lo manifestaron, pero sí tienen paliativos para suavizarla.

Apelan entonces a eufemismos recurrentes: “No aumentó su patrimonio”, “es víctima de una conspiración”, “sufrió bulling”, “la prensa se encarnizó” “siempre dio la cara”, etc. “Amigos son los amigos” título de una serie, que aplican a rajatabla. Si es de izquierda, sea de donde sea, no puede ser malo, si lo llevan a juicio es por un avance de la derecha y la justicia parcial al servicio del imperialismo.

Este proceder no es nuevo, se daba en la antigua Grecia donde los “sofistas”, oradores capaces de convencer que lo negro es blanco y que al decir de Platón hacían uso de la razón simplemente como una técnica de discusión, sin importar la moral o la verdad de la cuestión a tratar.

Sus discursos son como la discografía tanguera, un tema para cada ocasión. La comparación también vale para los letristas ya que pasan por el lenguaje académico (estilo Enrique Cadícamo), por el rebuscado de una imperturbable politóloga (estilo Homero Expósito), por el pueril de un “ex” (onda tango español), al casi lunfardo de otro “ex” (onda Celedonio Flores). Llegan de distinta forma, pero llegan…. 

Todo bajo un guión establecido, viejo, pero de indudable vigencia y eficacia que alcanza para ganar una elección.

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