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Tiempo de cambio


@|Nadie puede dudar que, el pasado domingo, nuestro país supo transitar una jornada cívica que será histórica, por muchos aspectos a considerar.
El surgimiento en 1971 de la coalición de partidos en lo que se denominó “Frente Amplio” bajo el lema del Partido Demócrata Cristiano, significó desde ese año y en puridad, el fin del “bi-partidismo” que, hasta entonces detentaban los Partidos “tradicionales o fundacionales” Blanco y Colorado.
Con la irrupción de Cabildo Abierto, nos encontramos con un “tetra-partidismo”, inédito hasta el presente en nuestra República.

De confirmarse los porcentajes que inicialmente fueron puestos en conocimiento público, todo indica que el partido que nos gobierna desde hace tres períodos, esto es desde marzo de 2005, no sólo no tendrá mayorías parlamentarias, sino que tendrá que superar la segunda vuelta o “balotaje” frente al Partido Nacional, si quiere permanecer en el poder. Pero además, resulta histórica la instancia que tuvimos y la que tendrá lugar en Noviembre, porque de los tres Partidos Políticos que han detentado el poder en nuestro país, el Frente Amplio/Encuentro Progresista es por ahora, el único que desde esas alturas, no ha probado el sinsabor de la derrota.

Este conglomerado de partidos, auto proclamados “progresistas”, así como sus miles de integrantes de sus principales cuadros, han sabido disfrutar de las mieles del poder por tres lustros y si bien, “el susto despertó al mamado” como ellos mismos lo han expresado, no pudieron triunfar en primera vuelta. Y su porcentaje de votos –aunque les confiere una muy buena bancada parlamentaria- los expone a una muy probable derrota electoral, que a la postre, será su bautismo y lo que no es menor: de cómo se produzca la transición, se apreciará la fortaleza de nuestro sistema democrático y la de nuestras instituciones.

Ni más ni menos.

Porque gobernar después de superada la peor crisis económica y financiera de que se tenga memoria, luego que el gobierno del Dr. Jorge Batlle les entregara puntualmente, “un país con las cuentas en orden y en crecimiento” claro que fue sencillo. Porque, si se hubiera decidido por la quiebra o default que planteaba el Dr. Tabaré Vázquez, se hubiera tirado por la borda uno de los principios básicos de un buen gobierno, como es el cumplimiento de las obligaciones asumidas. La hidalguía y hombría de bien de un estadista, como lo fue el Dr. Jorge Batlle, no podía aceptar esa postura. Asumió en un todo “la ética de la responsabilidad” y miró por sobre todo, por el “interés general”, esto es apostó por el Uruguay y su gente, sin medir las consecuencias adversas que pudieran utilizarse contra su propia colectividad política.

Tras más de diez años de bonanza económica y otros años de flotación, las promesas con las que los frentistas cautivaron a sus votantes, no fueron cumplidas, no supieron hacer ni un país de primera, ni menos un país productivo.

Se avecina un tiempo de cambio, en que se habrán de corregir políticas y aplicar otras que, efectivamente nos conduzcan a ser nuevamente un pequeño país de oportunidades.

Un país donde reine la Libertad y el imperio de la Ley, donde se impulse una Educación de calidad y la Seguridad y Autoridad pública, nos permita vivir en paz y crecer en armonía.

Un país donde se premie la superación por el esfuerzo y donde las cargas tributarias no agobien a los emprendedores.

En definitiva, un gran país, como el que avizoraron nuestros antepasados inmigrantes, donde valga la pena establecerse y vivir, en pleno goce de un sistema republicano y democrático, que siempre lo distinguiera en la región y en el mundo.

¡Que así sea!

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