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Cambia, todo cambia


@| Luiz Inácio (Lula) da Silva, expresaba con meridiana claridad, “cuando un pobre roba una gallina va preso, cuando un poderoso roba se hace ministro”. Que razonable fue su opinión cuando integraba el gremio metalúrgico y filosofaba, haciéndonos parecer a su amigo vecino del Río de la Plata.

Su valoración en épocas pretéritas, lo indujo ante su problemática judicial a tratar en épocas de gobierno de Dilma a insertarse como Ministro, pero un juez de su país, que no fue precisamente Moro, le prohibió concretarlo. Quizás ese juez recordare la teoría expresada por Lula, cuando solo era un metalúrgico con ideas progresistas y bien intencionadas.

Pero ante la gravedad de los hechos, modificantes de sus conceptos altruistas para quienes padecían la pobreza y se veían castigados por la justicia, a diferencia de los ricos que delinquían, optó por la apuesta maximizada, no me es suficiente un ministerio, entonces retorno a la presidencia y allí me libero de todas las causas de corrupción que me endilgan.

Tan poco inteligente que dejó pistas sobre el accionar corrupto, creyendo que sus buenas presidencias le evitarían ser harto cuestionado por su conducta antimoral y antiética, sin reparar que su nueva etapa en sincronización con los empresarios más poderosos de Brasil lo estaban vinculando a hechos de enorme corrupción, con implicancias personales, que comprometieron su imagen en forma irreversible. Su actitud de compra voluntades políticas de otros partidos (expresado por el) ya era una demostración de inmoralidad de quien creía ser todopoderoso y la nación debía tolerarle su transformación de superhéroe a supervillano, y tristemente su vaticinio se confirmó, trato de ser ministro y ante la negación judicial, quiso ser presidente. 

Pero omitió que las repúblicas tienen tres poderes, si falla el ejecutivo y el legislativo (como ocurrió en Brasil) un juez con alma por su profesión y al servicio de todo su pueblo ha sido capaz de comprometer con pruebas irrefutables, que nadie debe sentirse superador de nadie, aun fuere un exitoso expresidente pero emergente transgresor de las leyes vigentes de ese gran país que es Brasil.

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