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Bicicletas en la rambla


@|Me dirijo a Uds. para manifestar mi oposición al decreto que pretende impedir el uso de la rambla de Montevideo para bicicletas y monopatines y solicitar a las autoridades replanteen esta medida o la ajusten según algunos criterios que, a mi entender, son de sentido común.

A continuación me focalizaré en el caso de las bicicletas, ya que para estos vehículos aplican los argumentos que a continuación expondré.

Los que usamos bicicleta en la rambla lo hacemos por alguno o varios de los siguientes motivos:

1) Para concurrir a nuestros trabajos.

2) Para hacer ejercicio en un lugar que nos permite además distraer la mente contemplando el paisaje, siendo el único lugar, con excepción de los parques donde es posible hacerlo.

3) Para compartir con nuestros hijos un espacio con las características expuestas en el punto anterior, que ofrece además seguridad para hacerlo.

Entiendo que cualquiera de los 3 puntos son estratégicos para el Estado, y de hecho se ha invertido para conseguir estos objetivos, por ejemplo con la construcción de bicisendas.

Una medida del tipo de la que se plantea va en contra de todos ellos.

Preguntémonos en qué medida las bicicletas en la rambla son un problema y planteemos soluciones, pero de compromiso entre lo que es la prohibición total y la realidad actual.

En ese sentido, desde mi humilde lugar, colaboro con algunas sugerencias.
Los ciclistas de paseo básicamente encuentran su lugar, y se bajan a la calle, si la presencia de peatones en la vereda no les deja avanzar ágilmente. Esto sucede básicamente en los meses de verano, enero y febrero, en horas pico de uso de playas con mucha afluencia de público, como son Pocitos y Ramírez.

No hay problemas o si los hay son mínimos en el resto de las playas. En temporada baja, cuando el año escolar funciona la rambla, es un espacio abierto donde peatones y ciclistas pueden compartir sin problemas.
Entonces la solución pasa por reglamentar en base a esta realidad, el uso compartido, al menos mientras no se pueda invertir en bicisendas en toda la rambla de Montevideo. Establecer algunos límites en determinadas franjas horarias y temporadas, puede ser un criterio que refleje lo que ya es una realidad, en una normativa razonable.
No quisiera que mis hijos crecieran sin la posibilidad de disfrutar de un largo paseo por la rambla de Montevideo en forma segura, como hasta ahora todos pudimos hacerlo. La alternativa de que lo hagamos por la calle exponiéndonos a los peligros del tránsito a alta velocidad, es totalmente inaceptable.

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