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Audios de Valdez


@|Ustedes, señores (inclusivo), jóvenes, niñes que se creen que están viendo fútbol. No, no están viendo fútbol. Además están viendo sponsors. Los que patrocinan, los que auspician, los que acompañan, la copa tal o cual. El cartel perimetral de los tres lados de la cancha que se puedan ver por televisión. Los cartelitos que aparecen durante el partido, sobre todo el de abajo, por la fortuna de que tape la pelota, ya que el fútbol se juega con los pies. Fíjense que es casi improbable que la pelota supere la mitad del televisor para arriba. Los reportajes, las notas destacadas, las conferencias de prensa. Miren, no vean, miren, atrás, atrás, ustedes saben que está atrás, fondo de imagen, del fútbol. Y ya no hablemos de todo lo que nuestros sentidos reciben en programas de tv, radio, revistas, ropa, cartelería pública, etc.

Lo que antecede no es una crítica, ni despierta a nadie, ni pretende. Sólo una elemental mensura. Claro, de dinero, mucho dinero, inconmensurable dinero, que rosa lo obsceno, ante tanta pobreza y necesidad.
Colaboramos, colaboro, como no, con lo futbolero que soy, con la pasión más genuina pública mundial. Y digo, bueno señores, gracias, muchas gracias por el fútbol. Gánense la plata que puedan. 

Ahora bien, ¿por qué cada tanto nos hacen arrastrar el hocico por el bochorno? ¿Por qué periódicamente tenemos que entristecernos con los vaivenes del péndulo entre la honestidad y la corrupción? ¿Por qué por momentos vale más la notoriedad que la ética? ¿Por qué la ética se tiene públicamente con los involucrados, si los hubiera, y no con nosotros que los mantenemos? ¿Por qué se muestra la tapa del libro cuando es de madera y no se puede abrir, como si fuera más importante tenerlo que publicarlo?

¿Será así?

Para eso ni lo muestren, como tantísimas otras cosas que no sabemos. ¡O no se dan cuenta que el imaginativo público puede más que la realidad!
La realidad tiene mensura, la imaginación no. 

¿Por qué tienen consecuencias públicas los mafiosos manejos de quien sea? ¿Necesitan más? ¿No les alcanza con lo que ganan? ¿Por qué en toda esta gran manzana tiene que haber un sórdido submundo? O acaso, reflexiono inocentemente, si se grabara todo lo que se habla fuera de cámaras y radios, ¿el fútbol sería otra realidad?

Seguramente sí.

Que raro, verdad, que las luces solo parpadean en las contiendas. En esta novela de famosos y traidores, de dirigentes y poderosos, de suspensos y dudas que invaden nuestros hogares, me pregunto en definitiva, ¿qué somos? 

Me pregunto, llegado el caso, qué somos. ¿Hinchas, consumidores... o cómplices?

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