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Atender las señales


@| Otra de tantas tragedias familiares. Erupción loca de fracasos contenidos. No hace muchos días les envié - y publicaron- algo respecto al inusitado aumento de violencia familiar.

Seres que “inexplicablemente”, atacan a quienes más quieren. 

La carta del atribulado doble homicida de Paysandú, sin retoques, podría servirnos de identikit de su alma torturada. 

A poco que prestemos atención a todos los detalles de su redacción, tal vez, solo tal vez, demos con alguna de las condicionantes que movilizaron su locura homicida. 

Es tristísimo, pero puede resultar revelador tal ejercicio analítico. 

En sociedades en que, desde todos los medios de comunicación imaginables, incluso los subliminales, se nos incita, a todos por igual, a un consumismo insensato, no debe sorprendernos que la insatisfacción, acicateada por las presiones económicas conexas, en determinados casos termine en tragedia.
Se nos inculca, alegremente, que la ansiada felicidad se materializará si conseguimos ...x, i griega y z.. No se nos educa para encontrarla en nuestro interior, tan cerquita está. 

Cuando caemos en la cuenta de nuestro error, podemos reaccionar desconociendo hasta a nosotros mismos. 

Oigamos, escrutadores y compasivos, al desdichado Bentancur, cuádruple victimario: de su suegra, de un joven policía, de sí mismo y del futuro de su pequeña hija. 

¿En qué momento convendremos en que no se pueden mostrar las mismas escenas de consumismo exacerbado a quienes tenemos formaciones y realidades tan diferentes? 

Antes de dictar la imprescindible y justa condena, escuchemos al condenado.  

Antes de embobar y manipular con TV global, eduquemos globalmente, que buena falta nos hace a todos.

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