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Atención médica


@|La publicación de El País, domingo 1° de setiembre, en página 8 ejemplifica la decadencia de la medicina nacional. Trascienden dos hechos confirmatorios de la coyuntura:

Las carencias de desarrollo técnico-científico, seguidos de una rémora, un laberinto en la práctica médica.

No es novedad la primera aseveración ya que hasta el Banco de Seguros del Estado ofrece vías de acceso a centros extranjeros. Donde las propuestas comprenden accesibilidad, agilidad en alcanzar variadas tecnologías de avanzada, tendientes a solucionar problemas de diversa índole, respaldados en la experiencia que se les reconoce.

La pregunta es: ¿no da vergüenza? ¿O es que la decadencia es tal que tiene que ser aceptada como irremediable? ¿Es la opción que resta? Y, quienes no pueden afrontar esos costos… ¿Dónde están los salvadores del pueblo y de los desposeídos?

¿Por qué la decadencia? Porque hubo un Uruguay en el cual se solucionaban problemas sanitarios.

Hoy, prestando atención a las cifras de vértigo (en miles de millones) destinados a este rubro para un pequeño país con mínima población, fenece en sus resultados expresados en reclamos, juicios, malversaciones, entre otros. Se superpusieron oficinas, nuevas denominaciones con similar función, e incrementado sustancialmente el personal y… nada.

Evidenciando el amiguismo, la inexperiencia, e inadecuación al cargo. Con el agregado del ausentismo irresponsable poniendo en riesgo vidas y funciones, horadando el sistema. El dinero de todos se va, ¿y la atención…? Solo positiva en la gravosa propaganda oficial.

Los hechos, lo que recoge la gente, ahondado al destaparse graves faltas, donde salen raudos a tapar el agujero, demostración de desorientación e incapacidad en dar soluciones.

Hace imprescindible detenerse y afrontar las circunstancias, porque el mundo gira, el tiempo pasa. Incluye una formación médica para este siglo y con miras al futuro. Obliga a una reestructura en todos los órdenes (técnica, administrativa, asistencial), medicina para el siglo XXI.

No es destruir, sino orden en la casa, con gente juiciosa, adecuada, capaz y decidida a trabajar. No aceptar la irresponsabilidad, faltas ni paros, por ser una prestación esencial para la vida. Aquí sí recurrir a experiencias positiva de otros medios, aplicables a Uruguay, para llegar a los que el país merece, no lo que padece.

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