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El Atalaya y el fútbol


@|El día 13 de marzo de este año, nuestro Presidente se encontraba en el norte del país para inaugurar una de las primeras cosechas de arroz.

De pronto, una llamada de la capital lo sobresaltó. Le estaban informando desde Presidencia de los primeros 4 casos de Covid-19.
Todos sus pensamientos y proyecciones, supongo, se deben haber visto muy afectados y trastocados.

De inmediato regresó a Montevideo y subió hasta lo más alto del Atalaya. Ya estando en lo más alto de la plataforma y oteando hacia el norte, sur, este y oeste, al principio vio algo maravilloso, un cielo celeste claro y nítido y pensó, meditó, no se puede ligar tan mal; pero él como es muy optimista no se amedrentó, al contrario pensó: este partido lo ganamos entre todos.

Al seguir mirando hacia el horizonte, vio muchas aves raras, cuervos, halcones, caranchos, todos pájaros de mal agüero y agoreros. Y surgen los comentarios negativos y hasta catastróficos de los que no saben perder (los Mujica, los Núñez, los Vázquez, los Cosse, los Andrade, los Sánchez), todos al unísono predicando lo peor. Ninguno colaborando con su mensaje por el bien del país y de los uruguayos. Pero también le extraña desde lo más alto no ver aves de la época y deduce que deben haber migrado hacia otro hemisferio. Los Murro, los Muñoz, los Topolansky (no se los oye). Decide descender del Atalaya, y mientras baja y baja los escalones, sigue meditando.

De pronto, piensa que se debe distender y se va a jugar un partido de fútbol con sus amigos del Old Boys, con el sapo Sceizer y su hermano Alejandro. Por la década del 90, él jugaba en el equipo de la Liga Universitaria, de volante, calladito, pero metiendo como el Ruso Pérez, dejando todo en cada pelota. Lo recuerdo porque fui árbitro de la Liga y a Old Boys le arbitré muchos partidos.

Pero este partido, como bien dicen los notables y excelsos científicos que él designó, no sólo lo está jugando en La Paz, sino con lluvia y cancha embarrada. No puede jugar lindo en un campo en esas condiciones, como algunos majaderos e impertinentes pretenden. Sin embargo, este partido lo está jugando muy correctamente, y no cabe duda de que si sigue jugando así, tal vez emule otro Maracaná (dentro de poco se cumplen 70 años de la gesta). Y haga como el gran capitán Obdulio, póngase la pelota abajo del brazo y enfríe el partido, y dígales que los de afuera son de palo. Y cuando suba nuevamente al Atalaya, sin dudas que va a avistar golondrinas, calandrias y cardenales, y allí se dará cuenta que obtuvo un buen resultado. Como decía un amigo "y 1 a 1 de visitante y en Avellaneda, no es un mal resultado".

Cuando esto pase, el mundo entero lo va a poner como ejemplo y lo destacará como él y todo su equipo se ganó, con trabajo, planificación y mucha sensibilidad; ya lo están haciendo pero el partido aún no culminó.
Con todo respeto para Ud. Sr. Presidente, su familia y todo su equipo de gobierno, le deseo lo mejor, sin duda ninguna este partido capitaneado como hasta ahora nos dará el resultado esperado, como aspiramos la gran mayoría de los uruguayos.

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