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Argentinidad


@|En el año 1952 yo tenía ocho años y era peronista. Estaba en segundo grado y mi libro de lectura en la escuela era La Razón de Mi Vida, autografiado por Evita Perón.

Más que una idolatría al General Perón y su doctrina, en los textos se sub leía seguir su ejemplo, el de ella por supuesto. Eso generaba una religiosa lealtad, más formativa, a los ocho años, que cualquier desubicada idea política. Sí, señores, así como les digo, ordenado por el Congreso Nacional de la época y hasta que cayó Perón en el 55, el libro oficial de lectura, en todas las escuelas, era La Razón de Mi Vida. Muchos, realmente muchos, nos educamos peronistas. A los años yo no. Y no porque no compartiera los adelantos sociales y proletarios, ya dados por Batlle en el Uruguay, que Perón instauró luego de varios gobiernos conservadores y dos cortas dictaduras militares, sino porque en lugar de los derechos sociales reclamados por aquel socialismo de Alfredo Palacios, Perón le dio al pueblo lo que por derecho al pueblo le pertenece, pero le hizo creer que fue una dádiva personal. Claro que bienvenido igual.

La educación esclarecerá. Los obreros, que Evita llamó descamisados, como dice la propia marcha peronista... “...se supo conquistar a la gran masa del pueblo combatiendo al capital, Perón, Peroooón”... Pero no. Repito, libro de lectura La Razón de mi Vida. Allí nace el Peronismo. El invento político y populista más fantástico de América Latina.

Dogmáticamente ocupó el lugar de la izquierda, pero no lo era. ¿O acaso un líder de izquierda se hubiera ido a refugiar al Paraguay de Stroessner... y después a la propia casa de Franco en España?

Usó a la subversión, que dio la vida por Perón para desestabilizar a Lanusse, que, inteligentemente, pacta con Perón su vuelta a cambio de la pacificación. Para ello Perón tenía que también pacificar la tremenda puja interna del “movimiento” entre la derecha y la izquierda, que quedó expuesta en la masacre de Ezeiza el propio día de su vuelta al país.

¿Se podía creer en Cámpora, cuando Paladino iba y venía de Argentina a España donde se pactaron con Lanusse las condiciones del retorno? Sí, creyeron. “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. Así ganó Cámpora. Así salió en la foto con Dorticós de la Cuba de Castro y Allende de Chile, para que en el primer discurso de Perón se tildara de “imberbes” a los Montoneros luego de tanta muerte. No había izquierda ni derecha, la cosa era entre subversión y peronismo, creyendo erróneamente los primeros, que eran los segundos. Cuando asumió Perón, luego de la exigua presidencia de Cámpora, Rucci, aquel famoso sindicalista de dura y conservadora lealtad como la mayoría de los cuasi mafiosos dirigentes de la CGT, dijo “Se acabó la joda”. A los dos días era una bolsa de balas. Se venía lo peor. Murió Perón y quedó, tristemente para el país, Isabel Martínez de Perón, que era lo mismo que decir López Rega, lo mismo que decir la triple A. Eso también es el Peronismo. El nefasto y corrupto gobierno de Menem también fue peronista. Qué nos asombra hoy. Cuántas dictaduras militares hubo después de Perón. Lonardi, Aramburu, Levingston, Onganía, Lanusse, Videla, Viola, Lacoste, Galtieri, Saint Jean, Bignone. Los cuatro gobiernos radicales de Frondizi, Illia, Alfonsín y De La Rúa no pudieron terminar su mandato, dos en democracia. ¿Cuántos se disfrazaron de peronistas cuando hubo cuatro gobiernos en dos semanas después que renunció De La Rúa? Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño, Eduardo Duhalde. Y después ganó Kirchner. Néstor Kirchner.

El primero, después de Perón, que hablaba mejor de lo que leía. Ideal para el maltrecho peronismo en un país destrozado por Menem y la inoperancia de De La Rúa. Parado en los escombros del “un peso un dólar” fue fácil dar un discurso peronista. Tanto, que hoy hasta cambió de nombre el movimiento. Kirchnerismo.

Lo que le devolvieron al pueblo se lo llevaron en los bolsillos. El odio al otro, el enemigo afuera, adentro, siempre es una lucha, todo es una guerra contra enemigos invisibles. Qué nos extraña entonces. De qué nos asombramos, si aún seguimos escuchando los escolares discursos de Macri, cuya historia es también la de los dueños del país, haciendo lo que histórica y retóricamente hizo siempre el gobierno de turno. La denuncia de la cultural y folklórica corrupción. Los grifos abiertos del robo, los trapos anteriores al sol y, lógicamente, endeudar al país, porque la plata del robo, también como siempre, no vuelve más. El eterno dolor y la bronca. La bronca entre nostálgicos y los que les echan la culpa.

Así fue siempre. Nada va a cambiar. Esa es “la grieta”. La grieta que ya es un abismo, por donde siempre cayó el pueblo argentino al fondo de tanta mentira, muerte y miseria.

Hace 42 años que vivo en Uruguay. Feliz. No señores. Aqui no hay grieta. Lo único que está sucediendo, sin distinción de tiendas, es que ante la carencia de mejor valor propio, todo el mundo está con el ojo en la mira y el dedo en el gatillo. Bajemos las armas, solo quedará mirarnos. Estamos a tiempo.



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