ECOS
Email:
Teléfono: 2908 0911
Correo: Plaza de Cagancha 1162
Escriba su carta aquí

Áreas protegidas


@|En varias notas, el destacado especialista Hernán Sorhuet embiste, con la precisión y elegancia habituales, contra la norma incluida en el proyecto de la LUC que vuelve al sistema de exigir el consentimiento del propietario para que su predio pueda ser incorporado al SNAP.

Argumenta con la necesidad de proteger el medioambiente. En lo que acierta.

Con la preferencia del interés general sobre el particular. En lo que se equivoca, al menos parcialmente. Porque olvida que el solo hecho de la incorporación al SNAP determina una pérdida de valor del capital que empobrece seriamente a toda la sociedad. No solamente al propietario. Quien producirá mucho menos en su tierra, generando mucho menor demanda de insumos y de mano de obra, y reduciendo en mucho su aporte tributario. Y todo eso perjudica a la sociedad.

En una entrevista publicada en Economía y Mercado del 11.05.2020, un destacado especialista nos enseña una verdad, no siempre bien recordada por los ambientalistas: “Si hay quienes piensan que deberíamos volver a los sistemas de alimentación prístina, basados exclusivamente en lo que la naturaleza nos da, alguien va a tener que definir qué miles de millones de personas morirán por falta de alimentos, porque no dará para todos”.

Si el propietario afectado debe renunciar a la agricultura (porque no puede competir dedicándose a una agricultura “natural”, cuyo producto quedará a precios por fuera del mercado), tendrá que reducirse a la ganadería. Que no produce más de 250 kilogramos de alimentos por hectárea, mientras que una de arroz produce más de 8.000 y una de trigo, 3.500.

El problema, como se ve, no es nada sencillo. La opción es sumamente compleja.

Y el problema principal es el SNAP actual. Dominado por fanáticos ambientalistas y por gente (no toda, por suerte, ya que hay honrosas excepciones) que protegen mucho más los bolsillos de los técnicos que el medioambiente. Ya que el grueso del presupuesto se va en monitoreos, estudios, planes, más estudios y más planes y todavía más monitoreos, y todo bien regado con sueldos, honorarios, viáticos y reintegro de gastos. Pero de protección efectiva y real: Nada.

Estero de Farrapos está anegado por aguas contaminadas. La vegetación nativa de la Quebrada de los Cuervos en riesgo inminente de extinción por la expansión de las cabras (que destruyen los árboles nativos sin que se las elimine, ahora que todavía se puede). En Cerro Verde y Potrerillo sucede algo similar con el ciervo axis (otra especie exótica muy dañina para los árboles nativos). Las poblaciones de ñandúes y carpinchos de Potrerillo de Santa Teresa (que eran las más numerosas del país), hoy son meramente testimoniales. Los cazadores furtivos transitan libremente por casi todas las áreas. Poco y nada se hace para combatir la flora exótica invasora.

Y ese rosario es mucho más largo.

Mientras haya un SNAP con esas características (y disponga de muchas pruebas al respecto), nadie querrá, razonablemente, que su predio ingrese a un organismo público tan desprestigiado (aunque, repito, conozco mucha gente buena y honesta en él).

Y para disipar dudas o argumentos ad hominem debo indicar que soy tan entusiasta ambientalista como el que más, que invierto mucho de mi dinero (el ganado con mi trabajo de más de cincuenta años, y no el obtenido por medio de ONG alguna) en la conservación y extensión del monte nativo, y que administro varios predios dedicados exclusivamente a su conservación. Y que integro, o he integrado, varias ONG ambientalistas (donde supe aportar algunos dinerillos, sin haber nunca obtenido provecho material alguno de ellas).

Pero pretendo que la conservación se haga en serio, y no a la SNAP.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
volver a todas las cartas