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Un aplauso


@|Vivimos una etapa de cambios profundos. No existen fronteras para el conocimiento, la información ni para el coronavirus.

El Uruguay no es un sitio apartado o fuera de lo que conocemos como mundo. Por lo tanto, está inserto en los fenómenos que existen a nivel mundial.

Afortunadamente, en nuestro país el cambio llegó con un nuevo estilo de gobierno. Ahora funciona como un equipo dirigido por un líder, que expresó “me hago cargo” cuando asumió, sin imaginar lo que unos pocos días después tendría que enfrentar. Sin tener aún todo el equipo armado, se hizo cargo. Y el equipo funcionó, funciona y lo seguirá haciendo, aún sin conocerse personalmente o por haber trabajado antes juntos. Seguramente que habrán algunos errores o torpezas, que sin duda ciertos sectores de la prensa y de la sociedad magnificarán, pretendiendo “hacer leña del árbol caído”. Pero, ni el árbol está caído, ni lo voltearán tan fácilmente, porque nuestro gobierno se defiende “como gato entre la leña”.

La sociedad toda está tremendamente afectada por la pandemia que nos ataca y que demandará una gran carga de sacrificio, de trabajo mancomunado y sobre todo de patriotismo.

Luego del aislacionismo impuesto deberá venir la integración, de estar todos juntos, de poner nuestro aporte para salir de este drama mundial.
Sin embargo, vemos cómo ciertos dirigentes se dedican a dar consejos o disponer tareas al gobierno, que ellos en quince años no hicieron o no supieron hacer.

El ex-presidente pone como ejemplo su éxito combatiendo al tabaco y al juicio contra Philips Morris. La pregunta es: ¿a quién le podremos hacer juicio por haber contagiado el coronavirus?

Los dirigentes sindicales pretenden imponer sus “soluciones” como hacían los pasados quince años invocando a un anticuado y fuera de contexto “caceroleo”. Modestamente les sugeriría que usen las cacerolas para dar de comer a los verdaderamente necesitados, usando sus abundantes recursos económicos.

Se estila en varios países concertar aplausos para los médicos y enfermeros que con el sacrificio personal y propio de su juramento hipocrático cuidan a los afectados por la pandemia. Agregaría para nuestro país un voto de aplauso silencioso pero sostenido para los integrantes del gobierno, que, sin prisa pero sin pausa, enfrentan y comandan la lucha contra el coronavirus, tanto a nivel sanitario como económico. Lo hago extensivo a las fuerzas del orden que están en la calle, en las fronteras y donde sean requeridos y que a la vez deben continuar combatiendo al delito y al narcotráfico, otra plaga tan mortal como la que ahora enfrentamos.

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