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Antel Arena


@|¿Por qué? Por la impunidad, por el descaro, por la irresponsabilidad, por la falta absoluta de decoro.

Ciento diez millones de dólares que nos quitaron a los contribuyentes uruguayos para erigir el Antel Arena.

Difícil de digerir en esta época de tanta estrechez económica, cuando doscientos mil trabajadores están en el seguro de desempleo, cuando el país entra en recesión y cuando el gobierno debe atender la emergencia sanitaria y sus consecuencias económicas usando recursos de préstamos internacionales, o sea con aumento del endeudamiento externo al que deberemos afrontar en los años venideros desde el sector privado.

Corresponde recordar que después que el Cilindro Municipal sufriera la destrucción del techado a causa de un incendio, la entonces Presidenta del Antel y la Intendente de Montevideo “acordaron” la construcción del estadio cerrado.

La Sra. Ingeniera Carolina Cosse “vendió” la idea de que sólo costaría cuarenta millones de dólares. No sabemos si la Sra. tuvo alguna falla en sus capacidades matemáticas o si quienes la sucedieron en la dirección de Antel exacerbaron los costos en la construcción del estadio. Me parece recordar que la cocina habría costado unos seiscientos mil dólares, algo difícil de explicar dado que allí principalmente se calentarían panchos o chorizos para los asistentes a las competencias deportivas.

Al inicio de su segunda presidencia, el Dr. Tabaré Vázquez intentó frenar infructuosamente esta construcción, dado que su Ministra de Industria se opuso firmemente y finalmente triunfó su posición, algo difícil de explicar en un organigrama racional.

Tampoco se justifica que una empresa estatal uruguaya dedicada a las comunicaciones invierta en un estadio deportivo cerrado. Toda inversión se debe analizar desde el punto de vista de su retorno, o sea el tiempo en que los ingresos de la misma generen su repago. O sea que si su costo fue de ciento diez millones de dólares, se necesitarían ingresos netos de cinco millones y medio de dólares anuales para hacerlo en veinte años. ¿Usted lo cree?

Ahora bien, existe una persona autorizada del actual gobierno que dice que su valor real actual sería de menos de cuarenta millones de dólares, o sea que setenta millones se evaporaron…

¿Nadie es responsable?

Si interviniera la justicia, luego de seguir gastando más plata a nuestras costillas, lo más probable es que todo quede en la nada por tratarse de un Ente Autónomo y de decisiones de su Directorio, como ya ocurriera en Ancap, donde tuvimos que poner ochocientos millones de dólares para evitar que se fundiera.

Si queremos realmente bajar el gasto del Estado, este tipo de emprendimientos deben estar a cargo de personas responsables que ejecuten programas previamente sometidos a los gobernantes a cargo y con controles rigurosos.

De otras formas, estaremos dilapidando recursos y promoviendo y financiando carreras políticas de émulos de los “K” de la vecina orilla.

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