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Años perdidos

Imperdonable pérdida de chance


@| Lamentable es comprobar que, superada la crisis del 2002, gracias a las acertadas decisiones políticas y financieras, adoptadas desde la conducción del formidable equipo económico del Dr. Jorge Batlle, liderado por el Ministro de Economía y Finanzas de entonces, el recordado Dr. Alejandro Atchugarry, y habiéndose felizmente honrado las obligaciones internacionales y nacionales contraídas y encaminado el país hacia la senda del crecimiento, no se haya utilizado la bonanza económica, también excepcional, para impulsar verdaderamente el desarrollo social.

Producido el triunfo del Frente Amplio en Noviembre de 2004, la euforia popular de sus partidarios pobló el centro de Montevideo y una gran ola de alegría y esperanza inundó al país. Quienes los votaron vieron coronados con justicia, años de esfuerzo y militancia por alcanzar desde las urnas el poder y quienes no los votaron, igualmente en su tristeza, aceptaron democráticamente el veredicto de la expresión popular, en unas elecciones sin mácula, dentro de un sistema electoral único.  

Pero desde aquella exultante exhortación: “Festejen, uruguayos, Festejen!”, han transcurrido casi tres lustros… nada ha sido igual, desde entonces. Se recibió un país en crecimiento, y con las cuentas en orden, los vientos de cola auguraban tiempos de bonanza como nunca antes, las exportaciones de materias primas brindaban al país ingresos increíbles, la recaudación fiscal llenaba las arcas públicas, se instituyó el Ministerio de Desarrollo Social, al que se le asignaron ingentes recursos, se prometió “hacer temblar las raíces de los árboles”, cortar la mano a quienes la metieran en la lata e impulsar la Educación Pública, haciéndola partícipe de una porción nunca antes lograda en el Presupuesto Nacional… pero sin embargo, hoy el descrédito y la desazón de gran parte de la población, que conserva el espíritu crítico, es muy grande.

¿Cuál es la razón de la fractura social que advertimos? Es que las promesas con las cuales obtuvieron el gobierno -ya en tres oportunidades- han significado sólo eso: promesas. La presión fiscal se encuentra al tope, sin bajarse el gasto del Estado y la inseguridad campea en todo el territorio nacional y nuestros espacios públicos, muchas veces son tierra de nadie, donde reina la anomia. La bancarización, ha recortado nuestras libertades. Los planes de asistencia y “equidad”, si bien inicialmente necesarios, no lograron luego, más que aumentar los grupos de personas que viven sin trabajar a costa del Estado. Los casos de corrupción denunciados, no sólo procesaron con prisión a un ex Ministro de Economía, sino también a un Presidente del BROU y forzaron la renuncia de un Vicepresidente de la República, “por razones personales” pero que además, resultó ser una persona muy poco creíble, luego del episodio de su título universitario, que jamás existió y el uso de las tarjetas corporativas. De la prohibición a fumar se pasó a legalizar el cultivo y el consumo de marihuana. Si bien se alcanzó el 6% del Presupuesto Nacional para la Educación, nunca antes tuvimos tan altos niveles de deserción y muy pobre e insuficiente desempeño escolar como ahora.  

Y esto ocurre cuando el mundo, cada vez más globalizado, exige una mayor y mejor formación, no solo para ingresar sino luego, para competir en el mercado laboral por las mejores posiciones. ¿Es que nadie advierte esas contradicciones? ¿Qué ha quedado de tanta bonanza, sino sólo la comprobación de una vocación por permanecer en el poder, por el poder mismo? ¿Cuáles son las obras públicas de infraestructura que se han realizado? ¿Qué se ha hecho para integrar verdaderamente a los uruguayos?  

Duele comprobar la existencia de una suerte de “pérdida de chance” que padecimos, ya que pasada raya, muy poco es lo que queda. ¿No será hora de cambiar?

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