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Un año ya


@|Y parece que fue ayer. Las dudas ya se disiparon. Habíamos votado un cambio y estábamos felices por cambiarle el rumbo al país. ¿Pero no sería peor la enmienda que el soneto? Y aunque no fuera peor, ¿qué sucedería si Luis Lacalle no estuviera a la altura de su investidura?

El país entraría en caos inmediatamente y la oposición encontraría flancos por todos lados para llevar al gobierno al constante cuestionamiento popular.

La pandemia lo pudo todo. Bien dicen que las crisis son una maldición o una bendición, según el ángulo como se perciban. Y Lacalle encontró en ella una oportunidad.

Es cierto que muchos sueños de rápidas realizaciones tuvieron que posponerse por el Covid-19. Es cierto también que el Uruguay contó con 2 mil millones menos de dólares en recursos. Pero el mundo todo se desplomó y la carrera comparativa con otras naciones hizo el milagro de volvernos casi únicos e irrepetibles.

Uruguay volvió a ser ejemplo mundial. Su seriedad, su sistema de salud, su gente y su gobierno impulsando la bandera de la libertad responsable nos hicieron liderar todos los ranking del 2020 en manejo de pandemia.

Nuestro Presidente fue además un gran comunicador y nuestro sistema educativo casi el único que tuvo alta presencialidad durante buena parte del año.

La economía golpeada y resentida casi nunca se apagó y sus motores se mantuvieron siempre encendidos. El mundo del trabajo fue apoyado desde el Estado para que el desempleo no aumentara fuertemente. Y hasta nos dimos algunos lujos de solidaridad interna y mundial. Operaciones humanitarias como la del Greg Mortimer o la Operación Retorno mostraron una dosis más de nuestro enorme corazón solidario.

Se le crítica al gobierno la lentitud en la llegada de las vacunas. Y algo de asidero puede tener la crítica si no fuera porque en breve estaremos nuevamente peleando por los primeros lugares en cantidad y calidad de inmunización vacunatoria. Y muchas críticas van a tener que rendirse ante las evidencias sobre la seriedad del país.

Me han salpicado algunas críticas esperando de un batllista como yo una lectura más ácida sobre el medio vaso vacío que siempre existe en cualquier balance. Preferimos pararnos en los aciertos porque hoy se trata de reconstruir un Uruguay que había perdido su rumbo republicano.
Precisábamos un sacudón y lo tuvimos. Pero ¡ya fue!

No voy a terminar estas líneas sin contarles que veo cosas para corregir.
Quiero un gobierno que se ingenie con sus recursos para respaldar más al que trabaja. Y va más allá de las soluciones de seguro de paro. Trabajadores hay muchos y me refiero también a los microemprendedores.

Me gustaría que la coalición de gobierno sea más monolítica en su trabajo legislativo y aspiro a que la reforma del Estado tenga algún avance en este quinquenio.

Me gustaría -también- que se cumpliera con las auditorías prometidas y que nunca vayan a ser moneda de cambio en una relación gobernabilidad-impunidad.

En fin, queda mucho por hacer pero yo encuentro un saldo enormemente positivo y hasta sorprendido estoy por virtudes que nunca pensé que podía enseñarnos este Presidente y su equipo.

Hace 1 año recuperamos la democracia liberal. Me siento en un tiempo análogo al de la salida de la dictadura cívico-militar. Estábamos ingresando en una democracia recortada de género-sindical que fue interrumpida por 30 mil votos milagrosos que nos dieron un tiempo de respiro y recuperación.

A aprovecharlo para reconquistar valores.

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