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El agua es vida. Salvemos el Solís Chico


@|De una manera u otra, todos tenemos en nuestras vidas, momentos inmemorables que no podemos sacar de nuestra retina sobre vivencias durante la niñez y la adolescencia; casi siempre relacionado a determinados sitios o lugares. De esos lugares en los que pueden pasar años, y aún así, seguimos recordando y haciéndolos parte de nuestra identidad. Lugares que se convierten en nuestra historia personal y que nos apropiamos de ellos. 

En mi caso particular, me traslado a recuerdos de la vida sobre la costa del Arroyo Solís Chico, en Canelones. Una zona riquísima en recursos naturales, tierras fértiles, con un arroyo de agua limpia y cristalina. El lugar perfecto para asegurar una vida sana y próspera. 

Aquí, el arroyo ocupaba un rol muy importante. No es solo recordar épocas de verano, donde la diversión y la alegría que se vivían son inexplicables, sino que eran varias las actividades que se desarrollaban en base al mismo: la pesca, la extracción de agua para el consumo diario y varias otras, que hacían a la presencia del Solís Chico, una fuente fundamental de la vida. 

Un sitio maravilloso, lleno de rincones y paisajes únicos, un recurso de agua dulce, limpia y cristalina que recorre 47 km, desde su naciente hasta su desembocadura en el Río de la Plata, único para la zona. 

Es el mismo arroyo que define en ambas márgenes los más ricos balnearios de la Costa de Oro. Lugares únicos, de esos que no cambiarías por nada. Como no reconocer la rambla sobre el arroyo de Parque del Plata. Con sus actividades deportivas y acuáticas, no sólo durante el día, también generándose paseos increíbles para esas noches de verano. 

Pero vuelvo al presente, y me posiciono al día de hoy, en donde me encuentro con un grupo de vecinos que desesperadamente lucha para proteger las aguas del arroyo. 

Decidimos tomar voz a partir de que la Intendencia de Canelones, planifica la instalación de un Vertedero, el cual recibirá los residuos domiciliarios de todo el departamento, ubicado a orillas del arroyo.
Ahora, yo me pregunto, ¿en qué quedará la vida del Solís Chico?, ¿la vida de sus vecinos?, ¿el turismo que en él se desarrolla y que es fuente de trabajo de muchos? 

Todos conocemos los riesgos ambientales que genera la instalación de un vertedero en cualquier sitio geográfico que se disponga, pero más aún nos alarma la sostenibilidad de un vertedero ubicado a la margen de dos arroyos, en tierras altamente permeables. 

Los vecinos de la zona conocemos el predio planificado, y sabemos de sus características físicas: tierras sumamente fértiles y permeables, suelos inundables, entre otros. 

En días con lluvias de gran caudal, que al día de hoy son cada vez más frecuentes, imaginemos esas tierras inundadas y permeables, y las graves consecuencias que generarían la filtración de los lixiviados hacia la napa freática y a su vez, por el arrastre del agua dirigiéndose hacia el arroyo. Contaminando inevitablemente arroyos y Napas: el agua que abastece a todos los hogares de la zona.  

Sostenemos que, por más tecnología que nos garanticen utilizar, implantándose en ese lugar, no proporcionan las garantías de un uso sostenible.

Es fácil entender que el progreso de nuestra cultura y de nuestra vida, no nos permita vivir en recuerdos novelescos de nuestra niñez, pero en cambio, deberíamos aceptar que lo que llamamos progreso destruya los recursos naturales que la naturaleza nos brinda? 

Me resisto a aceptar que nuestras autoridades departamentales no puedan velar por nuestra salud, en el entendido de que mínimamente nos deben garantizar la vida.

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