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Actitudes reprobables


@|Dicen que “siempre existe una razón escondida en cada gesto” y que estos muestran al final, quién verdaderamente es cada uno.

Esa suerte de “lenguaje gestual” nos habla y comunica a veces más cristalinamente que la palabra.

Muy alejados de los comportamientos “políticamente correctos”, en los últimos días encumbrados jerarcas de este gobierno frentista, han dado muestra una vez más, con sus actitudes el desprecio que tienen por los principios democráticos y republicanos que debieran defender.

Desde la supuesta privacidad de un medio de comunicación electrónica que tomó estado público, la titular del Ministerio de Educación y Cultura se manifestó claramente contra los seguidores de una religión cristiana, tildándolos de “plaga”, cuando nuestra Constitución admite desde las Instrucciones del Año XIII la libertad de cultos en nuestro país (que Artigas ya reclamara fuera “una libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable”) y por su propia función debiera ser la primer ciudadana en defender este mandato. Ello motivó la inmediata reacción de los aludidos y la presentación de la correspondiente denuncia penal.

Días después, en Artigas, un par de manifestantes intentaron desplegar una tela donde se reclamaba pacíficamente al gobierno allí constituido, por su fuente de trabajo y pudimos ver al propio Ministro del Interior dar pasos marcha atrás, para impedir con su físico, que los manifestantes expresaran su reclamo.

Ambos manifestantes fueron retirados por fuerzas de ese Ministerio y conducidos a una comisaría donde fueron demorados por un par de horas.
Su delito fue haberse expresado (y como ha ocurrido en otras oportunidades, se comunica a la población que uno de los manifestantes tenía antecedentes penales, lo que hablaría de su “peligrosidad”) y nada menos que el titular de la cartera del Interior, que debiera velar por el derecho a la libre expresión del pensamiento, reprime y reprime mal.
Luego salen voces de su entorno a justificar lo injustificable, y a tratar de decir que no ocurrió lo que toda la ciudadanía pudo ver.
Queda en evidencia que su umbral de aceptación de errores es muy bajo y lo que es peor, siempre son otros los que tienen la culpa. Nada de arrepentimientos, pura soberbia. Muy poco apego a los principios democráticos y republicanos, propios de un Estado de Derecho. Muy poco respeto a los mismos cuando se trata de manifestaciones adversas a su proceder. Estos gestos de corte autoritario, tal vez “políticamente incorrectos”, desnudan la verdadera razón de sus convicciones y los presentan ante la opinión pública como lo que ciertamente son, aunque se vistan con otras ropas.

En su momento, tendrán que asumir sus responsabilidades.

En otras latitudes, estos procederes significarían la inmediata sustitución de estos jerarcas y en muchos casos el fin de aspiraciones políticas. Por estos lados, pese a pobres desempeños y altos índices de criminalidad, son confirmados en sus funciones y gozan de buena salud. ¿Hasta cuándo?

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