ECOS
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Una acotación


@| Este sábado 23 leí en vuestra columna de “Ecos”, bajo el título “Para Recordar” y de cuyo autor figuraba el Ing. Ruben Castro Rivera. La nota refiere a refrescar o a enterar a las nuevas generaciones sobre el terrorismo implantado en nuestra sociedad a cargo del grupo sedicioso denominado Movimiento de Liberación Nacional (MLN)- Tupamaros (brazo armado después,- agrego- del FA creado en 1971), en las décadas de los 60 y 70. En general suscribo la totalidad del texto, por lo menos desde lo conceptual, pero, creo se debe hacer una respetuosa aclaración al Sr. Ingeniero, para situar a las instituciones del estado en el contexto general de la época y la actuación de aquéllas en la lucha contra el flagelo tupamaro de origen “cubanista”. El párrafo en concreto dice “El gobierno llamó al Ejército y sus hombre con admirable profesionalismo enjaularon a toda esa plaga”. Al respecto cabe corregir que el Ejército fue convocado por el presidente Pacheco en setiembre del 71, luego de la fuga de los sediciosos del Penal de Pta. Carretas, lugar donde casi la totalidad de sus conductores estaban confinados. Tanto éstos como las mujeres que se encontraban en la cárcel de Cabildo y que se habían fugado en julio de ese mismo año, habían sido aprehendidos y puestos a consideración de la justicia por parte de la Policía Nacional. En una mega y prolongada operación de inteligencia y ejecución profesional, el MLN fue desarticulado en lucha desigual e incomparable por unidades de policías comprometidas con la seguridad y la restitución de la paz social. Desde el atraco al Club de Tiro Suizo en 1963 (fecha oficiosa del inicio de operaciones de los indeseables), la Policía ya los perseguía e informaba a sus mandos sobre la intencionalidad y objetivos políticos. A fines de los 60 y durante el año 70 fueron casi todos encarcelados como se dijo. Esta corrección –corresponde hacerla-, está propuesta en honor a los policías caídos en esa injusta y perversa guerra fraticida y sobre todo a sus familias que aún hoy sufren la irreparable pérdida. Por lo demás insisto, suscribo los dichos del Sr. Ingeniero.

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