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Accidente en ruta 55


@| El pasado 2 de agosto, yendo desde Bs. As. a Conchillas, por la ruta 55, a la altura del km 48 (Dpto. de Soriano), con mi amiga Carolina, volcamos el vehículo que conducíamos.

Fueron segundos eternos mientras que el auto giraba y rodaba; una vez detenido, volcado, sólo rogábamos poder movernos, caminar, y salir del vehículo.

Y mientras intentábamos, con manos temblorosas, desajustarnos el cinturón de seguridad, sentimos el sonido de unas pisadas en el pasto, y esas palabras que vamos a recordar durante mucho tiempo: “tranquila, tranquila, que yo las ayudo”.

A partir de ese momento, comenzó una red de contención y asistencia maravillosa.

Por ello, va un agradecimiento gigante, absoluto, y para siempre:
- A esos trabajadores del campo cercano, cuyas pisadas sentimos estando aún cabeza abajo, y que fueron los primeros en asistirnos. - A toda esa gente anónima del lugar, que pasaba y se detenía a ofrecer su ayuda. - A Don José Hernández, camionero de la zona, quien cargó en su camioneta todas nuestras pertenencias, y las llevó directo a Conchillas, al hotel donde nos alojaríamos más tarde. - Al personal de la seccional 8va. de Santa Catalina y de Policía Nacional de Tránsito. - Al personal de ambulancias de ASSE.- Al personal de emergencias del Hospital de Cardona (Natalia Denis y el Dr. Michel Hernández Leiva, quienes nos asistieron). - Al personal del Hotel Colonia West Conchillas, en especial a Adolfo Morelis, Gerente General del complejo, quien estuvo a nuestra disposición, y nos fue de enorme ayuda. - A mis queridos amigos de Montevideo, del grupo MTB-Aguas Blancas, por su eterna buena energía, afectuosidad y empuje, aún en los momentos más oscuros.

A todos ellos, va este agradecimiento.

A todos ellos, por ser gente pura, noble, afectuosa, gente linda, gente de esa que te allana el camino, que lo difícil te lo hace fácil, gente que te ofrece lo que tiene, para que uno no se sienta tan solo a la vera del camino.

Alguien alguna vez escribió “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Y empiezo a sospechar que es cierto...

Porque mucha gente pequeña, en este lugar pequeño y haciendo cosas pequeñas, el pasado 2 de agosto, hicieron un poquito más lindo mi mundo y el de mi amiga Carolina Klapko.

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