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Abusos en tiempo de pandemia


@|La emergencia sanitaria que ha golpeado al mundo contemporáneo, ha tenido con seguridad la mayor publicidad y difusión de la historia humana.

Pues apoyados en el avance de las tecnologías de la información y la transmisión de datos, en tiempo real, accedemos a información de un punto a otro del planeta que habitamos. Vivimos en una sociedad donde predomina más la comunicación “de inteligencia a inteligencia”, que la “de persona a persona”. Quizás por ello, el aumento de ansiedades, insatisfacciones y estados depresivos sean manifestaciones que delatan nuestra vulnerabilidad y fragilidad.

La exhortación del “quédate en casa” de los primeros tiempos, ha debido ser morigerada por quienes integran el grupo de científicos -que en modo honorario contribuyen a asesorar al gobierno-, pues ha quedado claro que deben atenderse también los efectos colaterales de esta auto reclusión voluntaria, en lo que refiere a la salud psicológica de las personas.

Por ello y atendiendo a los protocolos sanitarios y contando con la responsabilidad y el compromiso social de los más, se apunta a un aumento de la “presencialidad” en las distintas actividades, incluso en el área educativa.

Siendo seres sociales por naturaleza, hemos debido adaptar nuestras conductas al uso de medios tecnológicos, y quienes no están habituados a los mismos por distintas razones, han sido presas fáciles de oportunistas, quienes afinan los “cuentos del tío” a efectos de obtener beneficios casi sin moverse de sus casas. Son las nuevas formas de delinquir.

El miedo al contagio de las poblaciones denominadas “de riesgo”, así como el trasiego de datos personales sin mayores controles, ha operado también a favor de inescrupulosos delincuentes que ya ni siquiera tienen que tocar el timbre de las residencias de sus posibles víctimas.

Antes por teléfono y ahora por la red de redes, traban contacto con ellas.
Su oferta es variada con tal de lograr sus fines: desde préstamos “sin garantía” con sólo brindar el número del documento de identidad, a la venta de bienes y servicios que prometen se entregarán una vez se transfiera electrónicamente el precio de los mismos a una cuenta bancaria, o abonando los mismos a través de cualquier otro medio de pago. Otros truhanes se presentan como “oficiales de cuenta o contadores” de la entidad bancaria donde su “presa” posee sus ahorros y los más lanzados; pretextan el secuestro de algún familiar de la víctima, logrando obtener una suma de dinero para lograr “liberarlo”.

La imaginación delictiva no tiene límites frente a la candidez y buena fe de muchas personas que son así engañadas, abusando de las especiales condiciones de temor que ha traído consigo la información sobre la pandemia.

Habrá que advertir a nuestros mayores e incluso a las personas de nuestro entorno, la situación que se ha constatado en el incremento de estos delitos.
Debemos ser mucho más reservados al momento de brindar datos personales sin darnos cuenta.

Debiera urgirse a las autoridades públicas el mayor control en esta materia, extremando, por lo menos, las medidas de seguridad informática a efectos de evitar mayores males.

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