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¿Hasta cuándo?


@|Desde que el Frente Amplio asumiera el gobierno en el año 2005 y reconociera haber recibido del Dr. Jorge Batlle “un país en orden y en crecimiento”, luego de la peor crisis económica y financiera que haya vivido nuestra República, hemos asistido a una muestra de afán “fundacional” muy pocas veces vista.

De aquél “país de primera” que prometieron, hasta la sucesión extraordinaria de nombres grandilocuentes que como hologramas, poco a poco han ido desapareciendo, hemos padecido un informe tras otro, para evaluar desde la inclusión social a la financiera, desde la cuestión de género al matrimonio igualitario, la situación de pobreza al cambio de ADN en la educación.

Se han creado cargos y más cargos, centralizando en derredor de la Presidencia de la República y de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto un sinnúmero de organismos, (aunque hablen de descentralización) muchos de ellos, sin más control que el directo de la Presidencia o de la OPP. En casi tres lustros han demostrado que muy poco les importa el tamaño del Estado y el reclamo por más seguridad y han engrosado la plantilla con más de 70.000 nuevos funcionarios públicos.

El narcotráfico ha crecido. Ha quedado al descubierto la permeabilidad de nuestras fronteras. Se ha incrementado exponencialmente la deuda externa y el déficit fiscal diario resulta enorme. Se gasta muy por sobre lo que ingresa.

Si se pasa raya, en este extraordinario período de bonanza económica, donde el Estado ha recaudado como nunca en su historia, nada o muy pero muy poco, se ha invertido en obras de infraestructura perdurable. Imperdonable pérdida de chance.

Mucho se ha gastado en cuestiones sociales, pero la pobreza no ha disminuido, y como nunca, el número de uruguayos que duerme en las calles y plazas se ha incrementado. Se ha estimulado a muchos a transformarse en “comensales” de una enorme mesa, donde con sólo abrir su boca, se les entregará su mendrugo.

De aquella superación por el esfuerzo personal que caracterizaba a nuestro país, nada. De dignidad a la hora de recibir una asignación social, tampoco. Asistimos al permanente deterioro de nuestra educación, no sólo la deserción escolar golpea, sino lo que quizás sea peor: la ausencia de comprensión lectora, hace a nuestros estudiantes muy vulnerables a la hora de ingresar al mercado laboral o pretender mejorar sus posiciones.
La pérdida de 900 millones de dólares en Ancap y el ilegal uso de las tarjetas corporativas por parte de quien decidía los destinos de la empresa pública, con la consecuencia incomprensible de su procesamiento “sin prisión” y la posterior renuncia al cargo de Vicepresidente de la República -abrumado por el episodio de un título universitario que nunca existió- nunca antes había ocurrido.

Muchos mensajes contradictorios inundan nuestra sociedad, a la que por un lado se le indica la prohibición total de fumar en lugares públicos o el “cero alcohol” para quienes conducen -con penas de inhabilitación y sanciones hasta penales en caso de lesionar a un tercero bajo los efectos de esta “droga”- y por otro, se habilita el consumo de marihuana recreativa y se la vende en farmacias, permitiéndose el cultivo a nivel privado de determinado número de plantas, sin advertirse genéricamente lo nocivo de este consumo. Nuevamente, los mejores de los nuestros, buscan su futuro en el exterior.

Se pretende que “volvimos a ser un país de inmigrantes” sin lograr compensar esa fuga solo numéricamente, por el ingreso de “refugiados” cubanos y venezolanos que escapan de sus respectivas dictaduras.
Lamentamos percibir que nos encontramos ante un gobierno agotado, que busca solo permanecer en el poder, por el poder mismo.
¿Hasta cuándo se deberá soportar tanta ineptocracia?

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