Diego Fischer
Diego Fischer

Ni vasallo, ni corneta

Parecía algo imposible, un sueño inalcanzable, una quimera. Pero como suele suceder, la realidad superó a la ficción y hoy estamos a menos de 24 horas del comienzo de un nuevo tiempo.

Terminan quince años en los que con soberbia refundadora, y envalentonado por la mayoría parlamentaria que obtuvo en los tres períodos de gobierno, el Frente Amplio hizo y deshizo a su antojo, echando, muchas veces, por tierra los valores y principios más sagrados que le dieron identidad al Uruguay. Solo dos ejemplos elocuentes para graficar lo que pudo hacer y lo que dejó: el estado de la educación, la pérdida del trabajo como un valor y única herramienta para el ascenso social, y la inseguridad que padecemos todos.

Hoy el Uruguay es mucho más rico que en 2005, es cierto. Pero también es mucho más desigual e injusto. La fractura social atraviesa la sociedad de una punta a la otra y se hace evidente en Montevideo, donde José Mujica marcó el quiebre en la capital, de avenida Italia al Norte. En sus palabras, al sur están las cajetillas de Pocitos, Carrasco y de todos los barrios de la costa. Hombres y mujeres que andan por la vida en camione-tas 4 x 4.

El expresidente por estos días está especialmente locuaz. Ha anunciado que participará en los actos del 1° de marzo, pero lo hará no desde el lugar asignado a los exmandatarios e invitados especiales que llegan del extranjero, sino entre el pueblo

“No voy porque tengo una concepción republicana y hace mucho rato que pienso que hay un traspase de cuestiones que son feudales que se usan en las instituciones republicanas… la alfombra roja, los que tocan corneta”. “Eso remeda los vasallos cuando el señor sale del castillo y sale por el puente, de ahí vienen esas cosas”, afirmó.

Si algo hay que reconocerle a Mujica es su capacidad de fabular y embroncar con sus mentiras y dislates. Resulta que ahora desprecia los austeros actos republicanos que históricamente caracterizaron las trasmisiones de mando en nuestro país. No pensaba lo mismo hace una década, cuando a él mismo el saliente presidente Tabaré Vázquez le colocó la banda presidencial, banda que había pago su amigo el empresario Alberto Fernández, dueño de Fripur, hoy encarcelado por fraude. Pero ya sabemos que Mujica como dice una cosa dice la otra. Y su ocaso político hace ya un buen tiempo que comenzó.

Mañana 1° de marzo, los uruguayos nos reencontraremos con lo mejor de nuestras tradiciones republicanas; esos pequeños gestos que hablan del respeto a la ley y que muestran la educación de un pueblo que supo ser educado y que aún lo sigue siendo.

Una caballada montada por varios miles de jinetes escoltará al nuevo presidente Luis Lacalle Pou. Será mucho más que un espectáculo de color, tendrá un significado simbólico como nunca se vio en la historia democrática del país. De todos los puntos de la República llegarán esos hombres y mujeres a caballo a celebrar el nuevo tiempo de ilusiones y esperanzas. También será el momento para que los montevideanos expresemos nuestra alegría por el gobierno que asume y que compromete a cinco partidos políticos.

Comienzan cinco años, en que más que nunca todos los uruguayos que votamos a la coalición multicolor, estamos comprometidos en trabajar y demostrar que un país mejor es posible.

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