Washington Beltrán
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Vivir es combatir...

Lacalle Pou arranca de atrás. La diferencia que le sacó Vázquez en la primera vuelta es importante y bastante difícil de descontar. Pero imposible son solo las cosas que no se intentan, aquellas por las que no se pelea. Y este no va a ser el caso del candidato nacionalista.
Lo que se viene no es el fin del mundo, pero es una elección presidencial y es política. Y en esta materia valen tanto el discurso positivo, como las sinrazones, los inventos, las contradicciones y las “pompas de jabón” del adversario. Eso sirve para marcar las diferencias y ayuda a contrastar. Usemos pues los dos caminos.

Lacalle Pou arranca de atrás. La diferencia que le sacó Vázquez en la primera vuelta es importante y bastante difícil de descontar. Pero imposible son solo las cosas que no se intentan, aquellas por las que no se pelea. Y este no va a ser el caso del candidato nacionalista.
Lo que se viene no es el fin del mundo, pero es una elección presidencial y es política. Y en esta materia valen tanto el discurso positivo, como las sinrazones, los inventos, las contradicciones y las “pompas de jabón” del adversario. Eso sirve para marcar las diferencias y ayuda a contrastar. Usemos pues los dos caminos.

Creemos que, si sigue fiel a lo que fue su campaña electoral, a apostar invariablemente al enfoque positivo sin entrar en el análisis crítico de que lo han sido estos diez años de administración frenteamplista, las posibilidades de acercarse a dar el batacazo son aún más complicada. Su estrategia funcionó y muy bien en las elecciones internas y en la primera parte de la campaña electoral, pero luego dio la sensación de que faltaba algo, de que había un vacío que era imperioso llenar para marcar claramente sus diferencias con el candidato oficialista y el porqué de su lucha y de su opción, más allá de lo que por edad y por estilo significaba de renovación. Y conste que abandonar la positiva, señalar claramente los errores de estas administraciones y, sobre todo, sus fracasos no significan de ninguna manera recurrir al agravio o a la descalificación: con altura y con respeto se pueden marcar las diferencias entre el continuismo y el cambio.

A esta altura, podríamos decir que, por momentos, Vázquez asumió un discurso más opositor que el propio Lacalle. Y para ello alcanza con algunos ejemplos. Veamos:

1) Seguridad: el gran tema de nuestros tiempos. Vázquez dijo que mantendrá a Bonomi como Ministro del Interior y, al mismo tiempo, que reducirá las rapiñas en un 30% en los próximos cinco años. ¿Por qué? ¿Acaso su número está demasiado alto? ¿Y por qué mejor no las reducimos en un 35 o 40%? ¿Quién es el responsable del gobierno y del Ministerio del Interior? ¿Quizás le pareció que tener una rapiña en este pequeño país cada media hora (las cifras actuales estiman 55 rapiñas por día) era un poco exagerado? ¿Cuántas eran las rapiñas cuando el Frente llegó al poder?

2) Educación: los resultados de la educación pública son aterradores y, sobre todo, en las zonas marginales. Cuanto peor es el lugar donde vive el niño, peor es la educación y más difícil es la posibilidad de que ese niño pueda superarse. Vázquez, en declaraciones a “El Observador” que luego intentó relativizar, propuso entregar vouchers, bonos o becas a estudiantes para que puedan asistir a escuelas privadas. Es la mayor confesión del fracaso de la escuela pública formulado en muchos años por un candidato a la presidencia del partido que sea. No habló de mejorar y plantear propuestas concretas para que todos los niños que van a la escuela pública tengan una mejor educación y así pueden enfrentar los desafíos de este mundo globalizado. No; habrá becas para algunos y para el resto… mala suerte.

3) Carreteras y obras de infraestructura: “Nos comprometemos a hacer un plan nacional y estratégico de infraestructura para recuperar las carreteras, el ferrocarril, los puertos. Porque ese es el mojón que va a lograr un país desarrollado”, fue la contundente afirmación del expresidente. Pero, ¿no van ya diez años de gobierno del Frente Amplio? ¿No se han construido y arreglado puentes y carreteras para atender el lógico aumento del tránsito por la inversión de las papeleras, el auge de los granos y el precio de la carne? ¿Nadie previó eso? ¿No se hizo nada en ese aspecto? ¿En qué quedó el ferrocarril que iba a hacer su correligionario Mujica? ¿El trencito de los Pueblos Libres fue solo un mandado que su “amigo Pepe” le hizo a la benemérita presidente argentina cuando esta se hallaba en campaña electoral?

4) Viviendas: Vázquez anunció la profundización del “plan nacional de vivienda” que se ejecutará para atender a las “38.000 familias más vulnerables que no cubren las necesidades básicas habitacionales”. ¿38.000 viviendas en cinco años? ¿Cuántas construyeron en estos diez que llevan en el gobierno? No solo desde el mismo gobierno del FA (concretamente desde el MPP) se cuestionó el anunció de Vázquez por exagerado, sino que la asignatura “vivienda” (que no es lo mismo que “solución habitacional”), es una muestra de la mayor ineficacia de estos gobiernos y su fracaso ha sido notorio.

Estos son solo algunos temas y apenas se repasan puede entrar la duda de si el candidato Tabaré Vázquez representaba al partido de gobierno o era la cabeza visible de la oposición. Afirmar el fracaso en materia de seguridad, educación, carreteras y obras de infraestructura y viviendas, tal como lo ha hecho —y obviamente lo ha atenuado— es una confesión de que estas administraciones han sido malas y no han cumplido con las exigencias mínimas para aspirar a un nuevo periodo de gobierno. Si a ello le sumamos el irrespeto a la Constitución y a la institucionalidad del país, admitido con la frase de que “lo político está por encima de los jurídico” o sea que vale cualquier cosa, el panorama es aún peor.

Tal vez sea hora de probar otra estrategia. Nunca es tarde para buscar un mundo mejor.

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