Washington Beltrán
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El regreso de Feldman

Días atrás, El País informó sobre la reapertura del caso Feldman uno de los episodios más resonantes, misteriosos y difíciles de explicar de la crónica policial uruguaya. El exministro de la Suprema Corte de Justicia, Julio Chalar, que pasó a retiro hace un par de meses, planteó una serie de dudas acerca del arsenal incautado y posteriormente entregado (o no) al Servicio de Material y Armamento (SMA) del Ejército. Según explicó, no hay coincidencia en ambos inventarios y la Justicia decidió que el expediente fuera desarchivado. Había sido cerrado en diciembre de 2010, luego que el fiscal del caso (Ricardo Perciballe) concluyera que el incendio no había sido intencional, que Feldman se había suicidado, que no estaba en sus cabales y se había tomado declaración a 86 testigos que no habría aportado nada.

Días atrás, El País informó sobre la reapertura del caso Feldman uno de los episodios más resonantes, misteriosos y difíciles de explicar de la crónica policial uruguaya. El exministro de la Suprema Corte de Justicia, Julio Chalar, que pasó a retiro hace un par de meses, planteó una serie de dudas acerca del arsenal incautado y posteriormente entregado (o no) al Servicio de Material y Armamento (SMA) del Ejército. Según explicó, no hay coincidencia en ambos inventarios y la Justicia decidió que el expediente fuera desarchivado. Había sido cerrado en diciembre de 2010, luego que el fiscal del caso (Ricardo Perciballe) concluyera que el incendio no había sido intencional, que Feldman se había suicidado, que no estaba en sus cabales y se había tomado declaración a 86 testigos que no habría aportado nada.

Para la Policía Técnica, el armamento de Feldman reunido en su casa de la calle Elba (Aires Puros) donde se desató el incendio, era de 739 piezas de distinto tipo y calibre (más unas 100.000 municiones y 500 granadas). Pero lo entregado, dos años más tarde al SMA, fueron, ¡oh curiosidad!, 900 armas y, solo 284 coincidían con las descriptas en el primer inventario. El arsenal había aumentado por un lado y por otro muchas piezas habían padecido una rara metamorfosis.

Para Chalar, la demora en entregar las armas incautadas al SMA tenía el carácter de una omisión “trascendente”, porque dicho Servicio lleva un Registro de Armas y allí podía detectarse cuál era su origen y orientar acerca del propósito del “berretín” reunido, que incluía armamento exclusivamente militar.

De acuerdo a la denuncia, el desvío de las armas se debió a que en el 2010 fueron entregadas al Ministerio del Interior con “derecho a uso”, a solicitud del Director Nacional de Policía, Julio Guarteche y autorizado por el juez de la causa, el actual Fiscal de Corte, Jorge Díaz, porque estaban en “óptimas condiciones” y podían cubrir las necesidades de la Guardia Metropolitana. Al actuar de esa manera, se rechazó la posibilidad de rastrear una por una las armas que componían el gigantesco arsenal y de alguna manera buscar una explicación a la conducta de ese contador que “nadie conocía”.

No hay dudas de que el caso Feldman sigue planteando muchas interrogantes. Fue un caso de enorme repercusión pública por el momento que detonó (previo al balotaje que llevó a Mujica a la Presidencia), porque hubo acusaciones políticas más o menos directas sobre su vinculación con el MLN-Tupamaros de las que debieron de retractarse, por el impacto del tremendo arsenal en poder de un privado y por la violencia feroz del tiroteo que mantuvo con las fuerzas especiales de la policía por 22 horas.

Y allí surgen las primeras interrogantes. Si partimos de la base de que las armas se fabrican para matar, ¿para qué quería el contador semejante arsenal? ¿Cómo lo había reunido? ¿Había actuado solo? ¿Qué secreto tenía para que en este insegurísimo Montevideo nadie entrara a robarle en su casa de Aires Puros que estaba vacía la mayor parte del día? ¿Qué mecanismos formidables había incorporado que desanimaban o ahuyentaban a los delincuentes? ¿Nadie en el barrio vio algo anormal o sospechoso en tantos años? ¿Qué amigos tenía? ¿No se encontraron huellas, digitales o de los que fuera, en Aires Puros o en Shangrilá, que fue donde plantó resistencia a los balazos? ¿Agendas? A juzgar por las conclusiones que llevaron al archivo del expediente, el Cr. Saúl Feldman parecía ser “El hombre que nunca existió”. Pero la realidad decía que Feldman existió y, además, mató.

No es fácil aceptar que semejante arsenal y las dos vidas que costó (la de él incluida) se tratara solo de la extravagancia de un coleccionista que juntaba armas como otros los hacen con estampillas, latas de cerveza o llaveritos. Pero tampoco teníamos conocimiento del destino que llevó ese arsenal y que hoy da lugar a la fundada denuncia de Chalar y la reapertura del caso.

Gente que se supone esta bien calificada fueron los que, de alguna manera, promovieron para que la primera investigación quedara a fojas cero, sin una sola respuesta. Un oficial de sobrada experiencia como Julio Guarteche, ¿no tenía conocimiento de que las armas podían ser rastreadas en el SMA y así arrojar luz a este enigma? ¿Era de tanta urgencia su reclamo para pertrechar a la “desvalida” Metropolitana? ¿No se encarga de eso el ministerio del Interior, ya encabezado al tiempo de su pedido por Eduardo Bonomi? El Juez del Crimen Organizado que dio luz verde a la solicitud, ¿tampoco sabía de la importancia que significaba esa “omisión”? ¿No había el mínimo interés en averiguar cuál era el origen de las armas para así esbozar un intento de explicación sobre lo ocurrido? ¿Puede haber otros Feldman en el seno de la sociedad uruguaya, que cobijan tremendos arsenales de armas de uso militar y nadie tiene conocimiento?

Muchas cosas no cierran. Bienvenida la denuncia de Chalar: algunos van a tener que explicar cosas que parecen inexplicable. 

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