Washington Beltrán
Washington Beltrán

De pajaritos y Merconada

Tras una ligera demora de siete meses (estaba prevista para diciembre del año pasado) se reunió en Caracas la Cumbre del Mercosur con la presencia de los presidentes de sus países miembros. Nadie esperaba nada nuevo y no sucedió nada para destacar. Si no se hubieran reunido o si hubieran esperado uno o dos años más, era lo mismo. Avances comerciales cero: seguimos igual. Solo declaraciones para justificar la reunión de algo muy parecido a la nada.

Tras una ligera demora de siete meses (estaba prevista para diciembre del año pasado) se reunió en Caracas la Cumbre del Mercosur con la presencia de los presidentes de sus países miembros. Nadie esperaba nada nuevo y no sucedió nada para destacar. Si no se hubieran reunido o si hubieran esperado uno o dos años más, era lo mismo. Avances comerciales cero: seguimos igual. Solo declaraciones para justificar la reunión de algo muy parecido a la nada.

Cómo será de intrascendente este Mercosur pletórico de presidentes y observadores “progres” (estaban de Nicaragua, Surinam, y Bolivia entre otros) que el presidente Mujica, en un arranque de sentido común que aún le queda, dijo que era preferible “hablar por teléfono” entre los presidentes y evitar reuniones que generan expectativas.

El que tuvo mejor suerte fue el presidente venezolano Nicolás Maduro. Como la Cumbre coincidía con el sesenta aniversario del nacimiento de Hugo Chávez, recibió la visita de un pajarito, que no era un pajarito común sino el mismísimo Hugo Chávez que pasó nuevamente a saludarlo y a trasmitirle su mensaje. Muy emocionado, Maduro narró que “Les voy a confesar que por ahí se me acercó un pajarito, otra vez se me acercó y me dijo (...) que el comandante [Chávez] estaba feliz y lleno de amor de la lealtad de su pueblo (…) Debe de estar orgulloso”. Las celebraciones por los 60 años de Chávez, había comenzado la noche del domingo, con un acto público en el que Maduro le cantó simbólicamente el “cumpleaños feliz” y sopló las velas de una torta.

Es la tercera vez que, de acuerdo a lo que el mandatario cuenta a sus compatriotas, recibe la visita del pajarito Chávez. La primera fue durante la campaña electoral que siguió a la muerte del comandante, cuando escuchó el silbido de un pajarito, al cual respondió tiernamente con otro silbido (“si tu silbas, yo silbo”, explicó). Era el expresidente que le decía, según su traducción pajarito-español, “hoy comienza la batalla. Vayan a la victoria”. Un tiempo después, mientras se encontraba “disertando” en un estadio de béisbol, ante el pasaje de un plumífero volando encajó de sobrepique; “Mira, mira, mira. Me está buscando el pajarito, mira, pasó por aquí (…) Después dicen que yo invento; y pasó cantando. Ese pajarito está feliz porque yo estoy trabajando. Chávez volando como un pajarito, cantando, a pesar de que la derecha, esa malvada y perversa, se burle (…)”, ante el aplauso admirado de sus seguidores.

Con ese marco, a nadie puede sorprender el desbarranque total del Mercosur. Si el bloque venía un poco malherido, el ingreso de Venezuela con su gobierno, le puso la lápida final. Pocos años atrás, las Cumbres estaban rodeadas de expectativas y redundaban en beneficios y acercamientos comerciales entre las partes. Los medios de comunicación se hacían presentes con enviados especiales que trasmitían o escribían en directo desde el lugar. Representantes del sector privado acompañaban a la nutrida delegación oficial (presidente de la República, ministro de Economía, Relaciones Exteriores, Industria, Transporte, etc), porque había una agenda en serio y las reuniones terminaban con resoluciones y no meras declaraciones.

En Caracas, la Cumbre realizada debe haber batido todo los récords de inutilidad. Expresó su solidaridad con la República Argentina ante el intento de un grupo de bonistas (conocidos como “buitres”, plumíferos pero muy mal entrazados) por querer cobrar el valor de sus bonos; con Uruguay por sus pleitos con las tabacaleras; seguir las tratativas con la Unión Europea; a favor del software libre y, a propuesta de Venezuela, opinar a favor de Hamas en el conflicto con Israel. Acá no hubo consenso y triunfó la mayoría iluminada, con el voto contrario de Paraguay, quien expresó que su país ya se había pronunciado, de manera distinta, al votar favorablemente la decisión de Naciones Unidas.

En resumen, el mundo fue sacudido por un gran bostezo ante esta nueva reunión del Mercosur.

Lo que realmente preocupa, es la falta de una mínima visión de la realidad que apunta a que todo el gran comercio se mueve actualmente a través de bloques, que trascienden las individualidades de los países y se convierten en puntos de referencia fuertes a la hora de negociar. De eso es justamente lo que carece nuestro país. Seguimos con la cantinela de “más y mejor Mercosur”, que se ha transformado en más y mejor Merconada. Parece hora de mirar hacia otro lado y buscar nuevos socios. Chile, Perú, Colombia y México —países con gobiernos serios— lanzaron la “Alianza del Pacífico” un ambicioso proyecto estratégico que busca comerciar con el mundo y les va muy bien. Como dijo el ex mandatario peruano Alan García gestor de esta iniciativa: “esta no es una integración romántica o poética, es una integración realista”. Así debe ser. Aquí no está en juego una cuestión de afinidades ideológicas o simpatías, sino la supervivencia y el futuro de cada país. Por suerte este nefasto gobierno —por lo menos desde el punto de vista de la política exterior, aunque se podría ampliar— muy pronto toca a final.

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