Washington Beltrán
Washington Beltrán

El nuevo Orden y Progreso

Asumió Jair Bolsonaro como Presidente de Brasil, ese derechista o ultraderechista —como les gusta calificar a los "políticamente correctos"— elegido por el 55% de los votos en comicios libérrimos por el pueblo brasileño, el único habilitado a elegir sus autoridades.

Años atrás, el mismo pueblo brasileño había elegido como Presidente al populista-comunista Luis Inacio Lula Da Silva del PT, que no solo fundió al país (y es bastante difícil fundir al Brasil) sino que lo saqueó y hoy está en la cárcel por corrupción después de tres fallos judiciales coincidentes. La izquierda de Lula, que traía esperanza de mejora social del país, terminó siendo tan corrupta y ladrona como los Kirchner en Argentina o el trío Chávez-Maduro-militares en Venezuela.

El discurso de Bolsonaro solo duró 10 minutos, trazó la línea social y política de su mandato, y su esposa lo reiteró por señas en un claro mensaje inclusivo.

En lo social hizo hincapié en el respeto a las religiones y a la tradición judeo-cristiana, el combate a la ideología de género conservando "nuestros" valores y la construcción "de una sociedad sin discriminación ni división". En lo político, fue más explícito:

—"Brasil será nuevamente un país libre de amarras ideológicas (…) El pueblo empezó a liberarse del socialismo, de la inversión de valores, del gigantismo estatal y de los políticamente correcto".

—"Nuestra preocupación será la seguridad de las personas de bien y su legítima defensa".

—"Habrá buenas escuelas para preparar a las nuevas generaciones para el mercado laboral y no para la militancia política".

—"En la economía traeremos la marca de la confianza, del interés nacional, del libre mercado y de la eficiencia (…) Impulsar reformas estructurales que permitan, con recetas liberales, acabar con el crónico déficit fiscal y con especial atención al sector agropecuario.

No hay dudas de que, pese a la brevedad de su discurso, Bolsonaro fue muy concreto en las medidas y los cambios. El "orden y progreso" que cruza el mundo azul de su bandera, vuelve a ser inspiración de una de las economías más poderosas del planeta. Hay un borrón y cuenta nueva para su historia.

Donde sí no vemos mayores cambios es en su política regional y en sus relaciones comerciales con nuestro país. Si a Brasil le va bien (son 215 millones de habitantes), si el gigante despierta y camina, obvio que habrán buenas noticias. Pero no serán por generosidad, será por su propia conveniencia.

Hay una historia y una escuela que enseñan que a Brasil solo le importan los problemas del Brasil y toma sus decisiones pensando solo en el Brasil. Si de golpe algún otro país sale favorecido, es solo porque a Brasil le conviene y saca más ventajas de ese contacto. No es un tema de afinidades ideológicas, se trata de intereses. Y esto lo ha reafirmado Bolsonaro.

Para Uruguay, Brasil es el segundo destino de sus exportaciones, detrás de China. Y esa importancia ha sido permanente. Sin necesidad de andar hocicando para subirse al estribo de nadie, la verdad es que si Brasil crece y Uruguay es astuto y (no como el canciller Nin Novoa y el FA) podrá sacar partido del sacudón brasileño, con notorios beneficios para el sector agropecuario nacional.

También en nuestro país un cambio ayudaría mucho.

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