Washington Beltrán
Washington Beltrán

Muertos por la FIFA

El escándalo de FIFA será sin ninguna dudas el gran best seller periodístico del año. Por lo que ya pasó y por los próximos capítulos que irán apareciendo.

El escándalo de FIFA será sin ninguna dudas el gran best seller periodístico del año. Por lo que ya pasó y por los próximos capítulos que irán apareciendo.

Además, tenemos la pata uruguaya que lo hace tan vergonzante como atractivo y desde la vecina orilla, un viejo conocido, ese genio futbolístico -y nada más que eso- que es Diego Maradona ha asumido algún protagonismo desde el momento en que, a expensas de la propuesta de otro personaje típico de esta región como es el presidente venezolano Nicolás Maduro, se siente casi ocupando un sillón de vicepresidente (por lo menos), en el máximo órgano ejecutivo del fútbol mundial. Y aunque no asumió, ya hizo sus primeras advertencias: que Marcelo Tinelli, la gran figurita de las pantallas televisivas rioplatenses, se olvide de sus aspiraciones presidenciales en la AFA y se dedique a planificar muchos “Bailando”, donde está su único futuro.

Hace mucho tiempo ya que hay una sospecha generalizada, convicción podíamos decir, de que FIFA se manejaba con códigos cuasi mafiosos, que recordaban aquella famosa frase de Robert de Niro, en la película “Casino”, cuando decía que “hay tres formas de hacer las cosas: la correcta, la incorrecta y la mía”. FIFA, al igual que de Niro, tenía su propia manera de hacer las cosas. Premios a los obsecuentes, ostracismo para los independientes y dinero, mucho dinero para repartir y comprar voluntades bajo la sagrada consigna de la omertá. El silencio absoluto era fundamental en su engranaje: pocas preguntas y bolsillos llenos.

Disfrutaba además de un estatus internacional que la ponía a resguardo de acciones o reclamos legales: en temas del fútbol no funcionaban los poderes judiciales nacionales, sino que todo debía resolverse en sus tribunales. Quien se apartara de esto, quedaba afuera del mundo del fútbol. Pero la justicia de Estados Unidos no se impresionó y con denuncias de corrupción gigantescas y mundializadas, arremetió contra las principales autoridades de este organismo.

Allí se puso de manifiesto la cadena de coimas, sobornos y enriquecimientos de muchos de los principales dirigentes, pero el intocable Blatter -mediante una extraña renuncia- piensa seguir mandando hasta marzo del año próximo. Se cortó el tráfico de dinero, pero no sus más graves consecuencias: los miles de muertos que generan las obras en Qatar para ser sede del Campeonato Mundial en el 2022.

Las vidas y los derechos humanos de quienes trabajan allí son mucho más importantes que las cadenas de sobornos y pese a las gravísimas denuncias de instituciones como Amnesty Internacional, Human Rights y la Confederación Sindical Internacional, todo en Qatar sigue igual y, de acuerdo a estimaciones, el mundial tendrá el altísimo precio de 4.000 seres humanos muertos.

Qatar es un país de 11.586 kilómetros cuadrados (más chico que el departamento de Salto), gobernado por una monarquía absoluta, con poco más de dos millones de habitantes (solo un 15% son qataríes), un calor sofocante sobre todo en el verano, pero con enormes reservas de petróleo y gas natural. Prevé gastar más de 200 mil millones de dólares en infraestructura (estadios con aire acondicionado, hospitales, hoteles, villas turísticas, aeropuertos, autopistas) antes de que se inicie el evento deportivo (el gasto en Brasil ascendió a 11 mil millones y pavada de lío que se armó) y el principal contingente de mano de obra viene de Nepal y la India.

El diario El Mundo de España sintetiza la situación: son expuestos a jornadas laborales interminables que no bajan de las 12 horas los siete días de la semana, soportando temperaturas que pueden llegar a los 50° en verano, viven en condiciones infrahumanas, la comida es escasa y mala, sufren el impago de sus salarios, ven confiscados sus pasaportes y no tienen ni siquiera el derecho a marcharse del país cuando lo decidan. La causa principal de estas condiciones es el sistema de patronazgo o “kafala”, bajo el que cada trabajador tiene un patrón, que puede ser un individuo o una empresa. El obrero es prácticamente una “posesión” del patrón, que es el responsable de tramitarle el permiso de residencia y por tanto, tiene en su mano el que su empleado esté dentro o fuera de la ley. “En Qatar no hay inspecciones laborales y sí muchas trabas jurídicas para el empleado que denuncia injusticias”, explica Gerardo Ríos, vocero en España de Amnesty.

Y en este tema, una enorme cuota de responsabilidad tiene también el presidente de la UEFA, Michel Platini, que hoy se rasga las vestiduras ante la publicidad de la corrupción. El martes 23 de noviembre de 2010 (según un informe de la revista France Football), una semana antes que FIFA votara para escoger la sede del Mundial de 2022, el príncipe de Qatar se reunió discretamente con el presidente francés Nicolas Sarkozy en el lujoso Palacio del Elíseo. De la reunión secreta también participó el presidente de la UEFA. A cambio de inversiones multimillonarias, el príncipe Tamim ben Hamad Al Thani exigió a Sarkozy, el voto y la influencia de Platini a favor de Qatar como sede del Mundial. Y Platini cumplió.

A la hora del balance, si Blatter y su FIFA son los grandes culpables, a Platini y compañía también le pertenecen muchos de los 4.000 obreros muertos.

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