Washington Beltrán
Washington Beltrán

La Constitución vuelve a imperar

El cambio fue notorio. No solo en la forma de presentarse y hablar de Tabaré Vázquez, sino cuando en las primeras palabras de su alocución por cadena de radio y televisión afirmó de manera rotunda que su gobierno iba a tener señas de identidad nítidas como el respeto absoluto a la Constitución y la ley.

El cambio fue notorio. No solo en la forma de presentarse y hablar de Tabaré Vázquez, sino cuando en las primeras palabras de su alocución por cadena de radio y televisión afirmó de manera rotunda que su gobierno iba a tener señas de identidad nítidas como el respeto absoluto a la Constitución y la ley.

Su afirmación no fue poca cosa en este Uruguay de los últimos años. Por cortesía o para evitar rispideces con su antecesor, optó por no decir directamente que se terminó la época donde “lo político está por encima de la jurídico”, frase y acción que caracterizaron el mandato del expresidente Mujica.
La exposición de Vázquez, que duró unos 40 minutos, fue la culminación de una jornada que el flamante presidente inició con el traspaso de banda y su juramento en la Asamblea General. Su discurso en ese momento tuvo su punto alto al recordar los 30 años del retorno a la democracia, cuando el entonces presidente Julio Sanguinetti prestaba el mismo juramento y luego hizo un panegírico de la figura de José Artigas.

No pareció ni el lugar ni el momento. Correspondía decir allí lo que muchas horas más tarde dijo desde un lugar frío y acartonado. El elogio y el reconocimiento a la figura del Prócer siempre es muy bienvenido. Pero Artigas nunca convocó al pueblo a la plaza para expresar sus ideas o hacerle partícipe de su pensamiento. Cuando habló, lo hizo en presencia de sus legítimos representantes a los que dedicó el histórico “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”. Vázquez pareció estar imbuido del pensamiento artiguista, citó varios de sus pronunciamientos y dio la impresión de que es un referente de sus prioridades. Lamentablemente sus actitudes no. En 2005 su discurso de fondo acerca de las líneas programáticas del gobierno no lo pronunció ante la Asamblea General, ámbito de los legítimos representantes del pueblo, sino que fue en la escalinata del Palacio Legislativo en un acto de masas. Ahora, tecnología y modernización mediante, lo hizo por cadena de radio y televisión. No honró a los delegados de la soberanía en la forma que lo hizo Artigas.

La Constitución y las leyes, como bien dijo, se respetan. Pero las Instituciones también y acá volvió a errar feo.

Más allá de este punto, que no es menor, es muy difícil tener discrepancias sustantivas con las propuesta que manejó el nuevo Presidente, muchas de las cuales estaban en la plataforma que anunció cuando triunfó en las internas y basó su campaña electoral (Sistema Nacional de Cuidados, tablet a los jubilados, IRPF de los aguinaldos independiente del salario…). Al contrario, hay coincidencias en la enorme mayoría de los puntos; la pregunta (y las dudas) es si podrá hacerlo. Porque el desafío, por ejemplo, de lograr en el 2020 que un 75% de los jóvenes hayan terminado la Enseñanza Media, en este 2015 parece una meta muy difícil de alcanzar. Si hay algo donde la ciudadanía tiene conciencia y coincidencia, es en el mal desempeño de la enseñanza y lo que Vázquez planteó supone un cambio muy radical en el funcionamiento de su estructura.

El cuestionado planteo de la ministra de Educación de poner a los fiscales bajo la órbita de Presidencia de la República quedó sin efecto. Ello significa que Vázquez oyó las críticas (eso es bueno) y optó por transformarlos en un servicio descentralizado como forma de garantizar su independencia y autonomía. Reconoció que el estado de la red vial es calamitoso (lo cual es un claro fracaso de la administración anterior) y nombró ejemplos concretos donde se iniciarían rápidamente las obras de reparación de carreteras, como primeros pasos de un ambicioso proyecto nacional.

Puso el énfasis en el combate a la violencia (en el deporte y en la sociedad), anunció que habrá una disminución sustantiva del número de rapiñas aunque no manejó porcentajes, y dejó bien en claro que iniciará una guerra contra el alcoholismo (de la marihuana no dijo nada) encarada con la misma dureza que utilizó en su lucha contra el tabaco.

La exposición de Vázquez fue buena y las coincidencias abundan. Pero tiene un partido político que también debe compartirlas y un movimiento sindical que ha crecido en forma exponencial y es un centro de poder que deberá alinear. Además, deberá instrumentar el paquete de medidas, porque en términos generales lo que se conoce hasta ahora han sido solo los títulos y falta el desarrollo y los contenidos.

Quedan un par de cosas por aclarar, que afectan la imagen del país: ¿por qué -pese a todos los anuncios- no se hizo presente el vicepresidente de EE.UU Joe Biden? Y la otra, ¿cuál va a ser la reacción de Cancillería ante el exabrupto de Evo Morales, presidente de Bolivia, que se fue antes de la asunción de Vázquez?

¡Buena suerte presidente !

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