Washington Beltrán
Washington Beltrán

En camino a la nada

Cuando Tabaré Vázquez asumió su segunda presidencia había fundadas expectativas de que la tónica de su primer mandato se iba a repetir y que alinearía en el gobierno a todo el Frente Amplio.

En contraste con la gestión de Mujica, plena de desorden, a los tumbos y con un doble manejo de la economía del país, Vázquez ofrecía una imagen de autoridad, responsabilidad y experiencia, fundamentales a la hora de marcar el rumbo.

Han pasado tres años desde que recibió la banda presidencial y aún quedan dos. O tal vez uno, porque el próximo es año electoral y las prioridades van a estar centradas en la campaña. Lo cierto es que poco o muy poco puede rescatarse de este período y, para peor, la sensación de que el gobierno está agotado se ha transformado prácticamente en una certeza.

Las escasas iniciativas que se plantearon tuvieron además corta vida: su propio partido, el Frente Amplio con su mayoría parlamentaria se encargó de torpedearlas, ya sea por la vía expresa del rechazo, ya sea por el camino de ignorarlas hasta sepultarlas. Aquella advertencia de febrero del 2015 del todavía presidente Mujica al futuro Director de la OPP, Álvaro García ("Hasta el 1° de marzo el presidente soy yo y después del 1° de marzo tengo 30 legisladores"), fue una dura realidad para el tándem Vázquez-Astori.

Veamos algunos ejemplos:

— El famoso cambio del ADN de la educación murió al amanecer. Apenas asumió Vázquez debió enfrentar uno de los habituales conflictos con los gremios de la enseñanza. Apostó fuerte y declaró la esencialidad. El Pit-Cnt se volcó a respaldar a los gremios docentes y atrás de él desfiló el FA. Pocas horas después se levantó la esencialidad y el ADN de la educación siguió siendo el mismo espanto.

— El presidente Vázquez y los ministros de Economía y Relaciones Exteriores impulsaron la incorporación del Uruguay al TISA, ese acuerdo promovido por la Organización Mundial del Comercio (OMC) para la liberalización de los servicios, que en principio gozaba del apoyo de Mujica. Por 117 votos a 22 el Plenario del FA rechazó la iniciativa y el presidente Vázquez debió comunicar que el país se retiraba de las negociaciones.

— Vázquez intentó modificar el Fondes y limitarlo a impulsar a las pequeñas y medianas empresas (Pymes) que presentaran proyectos "sostenibles económica y financieramente". Mujica y el Pit-Cnt rechazaron los cambios y el gobierno de Vázquez asistió a Alas-U con 15 millones de dólares para un proyecto inviable que desapareció en seis meses como todo el mundo preveía.

— Se quiso suspender las obras del Antel Arena y postergar la reglamentación de la ley de la ma-rihuana. Volvió a perder.

— El gobierno negoció y acordó con su par chileno un Tratado de Libre Comercio. Astori dijo que "Uruguay no tiene otro camino que la apertura al mundo y en tiempos de dificultades más apertura todavía". El Partido Nacional ofreció los votos "porque eso le hace muy bien al país". Ni el Presidente ni el FA en el Parlamento le aceptaron la propuesta. Optaron por encarpetar el Tratado y acostarlo a dormir. Sigue en esa. Con papelón de Uruguay incluido y con un mensaje al mundo: no negocie con Uruguay porque el Presidente no tiene fuerza ni en su partido.

— Para colmo, el legado de la presidencia de Mujica empezó a mostrarse en su esplendor. Hubo que salir a apagar el incendio de Ancap con sus números en situación de quiebra, la economía del país maltrecha y un grave desequilibrio fiscal para bancar el clientelismo que no logra reducirse a pesar del tsunami de impuestos y tarifas públicas.

— Se desatendió al Uruguay productivo y la exasperante pasividad presidencial postergó reuniones solicitadas por las gremiales agropecuarias. Tampoco hizo caso del entonces ministro de Ganadería, Tabaré Aguerre, y cuando se dio cuenta era tarde: los productores rurales en forma espontánea salieron a las carreteras para expresar su disconformidad con el gobierno. Explotó la bronca del campo y surgió el movimiento de los autoconvocados. Al estilo bombero se salió a parar el incendio y empezaron a aparecer medidas paliativas de la crisis del agro. Se recurrió al sistema del parche en lugar de estudiar y planificar nada menos que la situación y el futuro del sector productivo del país.

Con el bronce y la historia asegurados por haber ingresado al exclusivo grupo de los dos veces presidente, Vázquez parece aburrido de tener que lidiar con su propia fuerza política y solo espera que su legado incluya la segunda planta de UPM. Más allá de si se concreta o no, o si Uruguay puede cumplir con todas las exigencias que se le plantean, lo cierto es que se abrió un horizonte —lejano— de expectativas favorables y con eso se conformó.

Su mandato recién termina el 1° de marzo de 2020. Hasta entonces Uruguay.

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