Washington Beltrán
Washington Beltrán

El año que no existió

La sonrisa calma, la escasa gestualidad y el tono monocorde de la exposición del Presidente Vázquez al cumplirse el primer año de su segundo mandato, pareció más un meritorio esfuerzo por describir a la población un gobierno sin mayores sobresaltos, que la tensa realidad que ha enfrentado y las dificultades que se avizoran. Es más, si no fuera por su referencia a la aprobación del Presupuesto Nacional, que calificó de quinquenal pero se ha comprometido a que será revisado dentro de dos años, bien podría haber sido su discurso de asunción. Lástima que ya ha pasado un año, y la buena voluntad para pintar anuncios y vender el verso de “como el Uruguay no hay”, contrastan con lo que en verdad ocurre. Y de esto, nada dijo.

La sonrisa calma, la escasa gestualidad y el tono monocorde de la exposición del Presidente Vázquez al cumplirse el primer año de su segundo mandato, pareció más un meritorio esfuerzo por describir a la población un gobierno sin mayores sobresaltos, que la tensa realidad que ha enfrentado y las dificultades que se avizoran. Es más, si no fuera por su referencia a la aprobación del Presupuesto Nacional, que calificó de quinquenal pero se ha comprometido a que será revisado dentro de dos años, bien podría haber sido su discurso de asunción. Lástima que ya ha pasado un año, y la buena voluntad para pintar anuncios y vender el verso de “como el Uruguay no hay”, contrastan con lo que en verdad ocurre. Y de esto, nada dijo.

1) Vázquez heredó el pesado legado de la Administración Mujica, su compañero de partido y uno de los peores presidentes de la historia. Buscó al principio de su mandato deshacer mucho de lo que le había dejado, pero chocó con la intransigencia del expresidente y su grupo político, que constituye la mayoría de la bancada parlamentaria frentista. Perdió en las primeras pulseadas y tuvo que resignarse a cargar con esa mochila.

Su primer año de gestión estuvo marcada por ese tire y afloje, donde los problemas se resolvieron invariablemente por el lado del afloje.

2) Por motivos políticos o políticos-familiares, Vázquez mantuvo al frente del tema seguridad a la dupla Bonomi-Vázquez al tiempo que anunciaba un combate frontal al delito y la reducción de sus índices más emblemáticos. Nada que ver con la realidad, con lo que realmente pasa y sigue pasando: los asaltos se registran a plena luz del día e incluyen a las principales avenidas y barrios. Han dejado de ser patrimonio de la noche y de ciertas zonas: son igualitarios, no discriminan ni por horas ni por lugares.

Su primer año de gestión fue un fracaso absoluto y, para peor, la presencia del narcotráfico, sus bandas y sus métodos crecen rápidamente porque no se acierta -y vaya si hay gente que lleva tiempo probando- con las medidas pertinentes. Se multiplican los anuncios y desfilan los jefes de Policía, pero la cúpula ministerial parece intocable y los índices se disparan.

3) A mediados del año pasado sufrió un golpe muy duro en el tema Educación, cuando se lanzó a decretar la esencialidad y tuvo que dar marcha atrás. Los sindicatos docentes y sectores de su propio partido enfrentaron esta decisión y le torcieron el brazo. Sobre el filo del plazo presupuestal se acordó (plata incluida obviamente) una tregua por dos años. Gastar mucho no significa gastar bien. Se han multiplicado los recursos, el gasto por alumno en todos los subsistemas de enseñanza ha crecido, pero no se ha cumplido con el objetivo fundamental: educar y educar bien a los jóvenes.

Su primer año de gobierno marcó un feo cuestionamiento a la autoridad, y sus propios compañeros de partido lo abandonaron. La institucionalidad quedó mal parada. La pequeña rendija que se abrió para normalizar esta actividad no da para ser optimistas.

4) Prácticamente ni se inmutó cuando se conoció que la principal empresa del país (Ancap) era propietaria de un agujero del tamaño de 800 millones de dólares o más, que alguien (se sospecha quién) deberá pagar. Es cierto que fue otro rubro donde la principal responsabilidad hay que buscarla en la funesta administración Mujica, pero, conocidos los hechos, no tuvo reflejos a la hora de reaccionar ni dar explicaciones a los ciudadanos sobre lo que había pasado, quiénes eran responsables por ello y las medidas ejemplarizantes que se adoptaran para que nunca más ocurriera un hecho similar. Falló en su liderazgo.

Su primer año y todo el periodo de su gobierno cargará con el estigma de Ancap. Omitirlo a la hora de hacer un balance no pasa de un torpe esfuerzo por buscar silenciarlo. Es más, da la impresión -pese a que los números ya anunciaban que la gestión de Ancap era un espanto- que dejó a cargo de su vicepresidente Raúl Sendic la tarea de conformar el nuevo Directorio del Ente como si fuera un referente imprescindible en la materia. Por comodidad o cálculo político delegó su responsabilidad a la hora de designar a las autoridades. Las consecuencias están a la vista; su silencio también.

En definitiva, el mensaje presidencial dejó más dudas que certezas. Habló de lo quiso y omitió cuidadosamente los temas candentes que marcaron -en este caso- sus primeros 366 días. Todo el 2015 fue un año perdido en busca de encaminar su gobierno y fracasar en el intento. Lo más grave es que los problemas subsisten, no han sido eliminados ni atenuados sino que son los mismos que afloran día a día.

El presidente solo anunció tiempos difíciles porque la economía no le sonríe (chau a la bonanza) y pidió cautela. De cambiar en algo, de buscar otra forma de impulsar la marcha del país hacia adelante, nada de nada.

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