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Voló a su leyenda

Hoy se cumplen setenta años del día que derribaron el avión que volaba sobre el Mediterráneo, pilotado por Antoine de Saint Exupéry, el celebrado autor de "El Principito", quien inició entonces su vuelo a la leyenda. Esta es una de las tragedias más conmovedoras del mundo de las letras. El 31 de julio de 1944, a las 8.45 horas, levantó vuelo en un Lockheed P-38 F5B, y a las 10.30 horas había desaparecido de los radares. Su avión estaba adaptado para una misión vinculada con el desembarco de los aliados: debía tomar fotografías en las costas del Sur de Francia, ocupadas por los alemanes.

Saint Exupéry no regresó nunca. Y en un memorable artículo necrológico, Henry Bordeaux escribió sobre ese vuelo, diciendo que fue: "Una muerte ascendente, un verdadero despegue". Voló a su leyenda.

En 1998 se encontró en el fondo del mar una pulsera de plata con el nombre de Saint-Exupéry y el de su esposa, y un fragmento de su traje. Y hace solo catorce años se hallaron los restos de su

Hoy se cumplen setenta años del día que derribaron el avión que volaba sobre el Mediterráneo, pilotado por Antoine de Saint Exupéry, el celebrado autor de "El Principito", quien inició entonces su vuelo a la leyenda. Esta es una de las tragedias más conmovedoras del mundo de las letras. El 31 de julio de 1944, a las 8.45 horas, levantó vuelo en un Lockheed P-38 F5B, y a las 10.30 horas había desaparecido de los radares. Su avión estaba adaptado para una misión vinculada con el desembarco de los aliados: debía tomar fotografías en las costas del Sur de Francia, ocupadas por los alemanes.

Saint Exupéry no regresó nunca. Y en un memorable artículo necrológico, Henry Bordeaux escribió sobre ese vuelo, diciendo que fue: "Una muerte ascendente, un verdadero despegue". Voló a su leyenda.

En 1998 se encontró en el fondo del mar una pulsera de plata con el nombre de Saint-Exupéry y el de su esposa, y un fragmento de su traje. Y hace solo catorce años se hallaron los restos de su avión, frente a Marsella; en 2003 el Departamento de Arqueología Subacuática confirmó que se trataba de la nave del autor de "El principito".

En el número 8 de la calle Alphonse Fochier, que antes se llamaba Rue de Peyrat, en Lyon, hay una placa oval que informa: "Aquí nació Antoine de Saint-Exupéry, el 29 de junio de 1900". Sus padres fueron el conde Jean de Saint-Exupéry y Marie Boyer de Fonscolombe. Antoine quedó huérfano de padre a los cuatro años. Cursó estudios en la Escuela Naval, pero no los terminó; hizo el servicio militar en la aviación, obteniendo el título de piloto aviador. Ingresó en la Compañía Latécoère (más tarde sería "Air France") y, posteriormente, fue destinado a Cabo Juby.

Designado en Buenos Aires director de la compañía "Aeroporta Argentina", estableció la comunicación aérea entre Buenos Aires y la Patagonia. Más adelante fue piloto de pruebas.

El primer libro de Saint-Exupéry fue "Correo del sur", de 1929. Dos años después dio a conocer "Vuelo nocturno", que tenía un prefacio de André Gide, y obtuvo el Premio Femina. Ese mismo año el escritor se casó con Consuelo Suncín Sandoval, una mujer viuda, que se había casado con el notorio periodista Enrique Gómez Carrillo. Ocho años más tarde publicó "Tierra de los hombres".

Cuando estalló la Segunda Guerra, inhabilitado para el servicio militar,Saint-Exupéry consiguió intervenir como piloto de reconocimiento. Al caer Francia, en 1940, se marchó a Nueva York, donde escribió en 1942 "Piloto de guerra". Y un año más tarde dio a conocer su hermoso cuento infantil: "El principito".

Este libro es, con honor, el gran clásico de las letras francesas. Y su personaje es un héroe intemporal. Es un auténtico fenómeno editorial, con 145 millones de ejemplares vendidos, 1.300 ediciones y 265 traducciones. Todos aquellos que lo leyeron (bien lo sabe mi lector) lo recuerdan siempre, y son los responsables, en el mundo ni ancho ni ajeno, de difundirlo de generación a generación, para que el personaje de Saint Exupéry y sus historias permanezcan vivas, ajenas al paso del tiempo.

Quizá exista una explicación para ello: cuando tomamos este libro y una mano niña aprieta nuestro corazón, pensamos como "El Principito", que "las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones".

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