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Vivimos el Día del Patrimonio

El pasado fin de semana, el Uruguay entero celebró su “Día del Patrimonio”, reiterando lo que se viene dando anualmente desde 1995, cuando el arquitecto José Luis Livni puso en marcha la iniciativa.

El pasado fin de semana, el Uruguay entero celebró su “Día del Patrimonio”, reiterando lo que se viene dando anualmente desde 1995, cuando el arquitecto José Luis Livni puso en marcha la iniciativa.

En aquel entonces el plan de Livni era simplemente concientizar a los uruguayos respecto de los valores patrimoniales que necesitaban protección. Pero el “Día del Patrimonio” desarrolló tal volumen que, por ejemplo, ahora necesita dos jornadas ya que el objetivo inicial ha sido alegremente superado y esta fiesta, que en sus comienzos centraba su énfasis en lo arquitectónico, se fue ampliando hasta abarcar todo aquello que tenga connotaciones materiales e inmateriales, dignas de ser valoradas por el imaginario colectivo. Desde los monumentos históricos hasta los ritmos uruguayos. Pasando por museos, sitios interés antes no visitables, lugares sorprendentes, exhibiciones, conferencias, todo lo cual oficia de estímulo para el alud usual de público que en capital e interior llevan al público a empaparse de asuntos que otrora no tenían foco.

Lo patrimonial en Uruguay ha crecido notablemente y ya hace años que Colonia del Sacramento es observada por el mundo ya que integra la lista del patrimonio mundial. A lo que se sumaron (en lo inmaterial) el tango y el candombe y,en julio pasado, en la lista del Patrimonio Mundial, el “Paisaje Cultural Industrial de Fray Bentos”. Para suerte nuestra, casi todo lo que nos atañe en este tema es positivo, ya que no existen, por ejemplo, daños por guerras o catástrofes naturales. La destrucción que terribles guerras han inferido a otros países, nos son ajenas. Y en la actualidad este azote golpea en forma especialmente dura a naciones como Siria y Mali ,donde la acción de fanáticos no sólo ha llegado a la destrucción de monumentos emblemáticos como los de Palmira sino al asesinato de quienes tratan de salvar de la barbarie a esos bienes culturales que ya en 1954 fueron mencionados en la convención de La Haya que intentó protegerlos en caso de conflicto armado. Luego, en 1970 la Unesco también tomó medidas de protección de tales bienes, lo cual fue deslizando a los entendidos hacia una batalla de conceptos ya que los términos bienes culturales y bienes patrimoniales eran utilizados indistintamente aunque sean dos conceptos diferentes.

“Patrimonio Cultural” expresa algo más amplio que “bienes culturales”. Como dice el doctor Manlio Frigo, se refiere a “una forma de herencia que debe ser salvaguardada y entregada a las generaciones futuras”, mientras que el concepto “Bienes culturales” es “inadecuado e inapropiado para la variedad de aspectos que abarca el concepto de patrimonio cultural que incluye, entre otros, los elementos culturales inmateriales” como danza o folklore. Todo esto se clarifica acrecidamente si se traducen al inglés las definiciones, convirtiendo así a “bienes culturales” en “cultural property” o a “patrimonio cultural” en “cultural heritage”.

Cierta vez el arquitecto William Rey Ashfield describió al “Día del Patrimonio” como la “fiesta cultural más importante del país”. Es muy probable que lo sea y podemos estar orgullosos de que así ocurra ya que a pesar de que nuestro Uruguay está azotado por la violencia, por el consumo de drogas y otras desventuras, muchos compatriotas demostraron el sábado y domingo pasados, que los mueven otros valores y que saben colocarse por encima de tales tristezas.

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