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Las vidas escritas

En el prólogo que Mario Vargas Llosa escribió para el reciente libro de Angel Esteban “El escritor en su paraíso”, hablando de su amor por la lectura, confiesa que pasó sus momentos más inolvidables en las bibliotecas, rodeado de miles de miradas plenas de conocimiento y fantasía. Piensa es que es, quizá, uno de los últimos miembros de esa generación de escritores y lectores que sienten la emoción del cobijo del papel, del libro en las manos, cuando todos la sienten, en cambio, por el cristal líquido de las computadoras.

En el prólogo que Mario Vargas Llosa escribió para el reciente libro de Angel Esteban “El escritor en su paraíso”, hablando de su amor por la lectura, confiesa que pasó sus momentos más inolvidables en las bibliotecas, rodeado de miles de miradas plenas de conocimiento y fantasía. Piensa es que es, quizá, uno de los últimos miembros de esa generación de escritores y lectores que sienten la emoción del cobijo del papel, del libro en las manos, cuando todos la sienten, en cambio, por el cristal líquido de las computadoras.

Y bien, dos libros recientes, que se hunden en las esencias de nuestro ayer para recuperarlo, no sólo enriquecen sino que reviven en el lector ese regocijo que aluden las líneas iniciales.

Vamos a ellos. Raúl Iturria (abogado, ex Intendente de Durazno, ministro, académico), quien desde hace unos años se ha dedicado enteramente a la tarea de escribir, ha incursionado en la historia, la poesía, el folklore.
En este universo, precisamente, podemos situar su reciente libro titulado Elías Regules. De la tapera a la criolla (Ediciones de la Plaza), que cuenta con un prólogo del ex presidente Luis Alberto Lacalle, quien señala con acierto que el autor ha entregado “la magnífica síntesis entre lo rural y lo urbano, entre la vivencia auténtica de lo gaucho y la sistematización intelectual del profesional académico”.

Iturria traza un largo, minucioso recorrido, por la rica vida de Elías Regules, que fue poeta (lo sitúa como pre/nativista), destacado médico cirujano, catedrático, Decano tres veces, para luego ingresar en la vida política de nuestro país en la legislatura.

Y luego viene otro escalón de Elías Regules (Iturria lo considera el más destacado), y es “su condición de tradicionalista y creador en nuestro país de tal doctrina”. Y señala que se trata de “una doctrina tradicionalista enraizada en lo hispano, en América y en nuestro suelo”.

Hoy tenemos un centenar de instituciones nacidas de la inteligente visión del Dr. Elías Regules, esparcidas por el país entero, en la permanente tarea de mantener vivo “el fogón de las tradiciones”. Por cierto, lo han conseguido. Raúl Iturria, fiel a su destino de historiador, nos entrega ahora, con pasión intelectual envidiable y genuina cultura, esta biografía erudita y seductora.

Con una extensa carrera periodística, y colaborador desde siempre de este diario, Wilfredo Pérez ha publicado “¡Aparicio! ¡Aparicio!” (Ediciones de la Plaza), donde traza, a través de doce capítulos breves, la silueta de Aparicio Saravia. Repasa la genealogía de los Saravia, luego ingresa en un minucioso capítulo sobre los momentos previos y posteriores a la famosa batalla de Masoller, con una cronología día por día, desde el 1º de enero de aquel año hasta el 10 de septiembre cuando muere Aparicio Saravia. Nada falta.

Ni los movimientos de las tropas, las idas y venidas de los caudillos revolucionarios y del ejército gubernista, el desfile de Aparicio en Minas el 13 de mayo del 2004, y los principales protagonistas de ese día a día, y, al fin, los momentos esenciales de Masoller, hasta la herida y el triste adiós a todos de Aparicio Saravia.

Cierra su breve libro con el discurso del Dr. Leonel Aguirre, publicado el 15 de enero de 1921, en “El País”. Y de esa manera evidencia que en ese vívido ayer el calendario de Aparicio Saravia es un instante eterno.

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