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Verano y humo; un silencio mortal

El Ministro de Salud de la provincia de Mendoza presentó una campaña fraterna con las tabacaleras y declaró públicamente que ese acuerdo se hacía “para frenar la política fiscal impuesta a los cigarrillos.”
Este ministro, pese a semejante confesión, siguió en libertad.
-- “El programa presentado por el ministerio provincial había sido probado con éxito por la industria tabacalera en numerosos países; su verdadero objetivo, de acuerdo a los “propios documentos internos de las tabacaleras”, era impedir que se adoptaran las medidas más eficaces para reducir el consumo de tabaco.
Según estimaciones del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria, si Argentina aplicara un aumento del 50% en el precio de venta de los cigarrillos a nivel nacional, se reduciría el consumo anual en un 15% y se evitarían 15.500 muertes por enfermedades cardiacas, 34.600 infartos y 11.900 accidentes cerebro vasculares”
El gobierno uruguayo hizo lo mismo que el ministro mendocino, pero sin dar ex

El Ministro de Salud de la provincia de Mendoza presentó una campaña fraterna con las tabacaleras y declaró públicamente que ese acuerdo se hacía “para frenar la política fiscal impuesta a los cigarrillos.”
Este ministro, pese a semejante confesión, siguió en libertad.
-- “El programa presentado por el ministerio provincial había sido probado con éxito por la industria tabacalera en numerosos países; su verdadero objetivo, de acuerdo a los “propios documentos internos de las tabacaleras”, era impedir que se adoptaran las medidas más eficaces para reducir el consumo de tabaco.
Según estimaciones del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria, si Argentina aplicara un aumento del 50% en el precio de venta de los cigarrillos a nivel nacional, se reduciría el consumo anual en un 15% y se evitarían 15.500 muertes por enfermedades cardiacas, 34.600 infartos y 11.900 accidentes cerebro vasculares”
El gobierno uruguayo hizo lo mismo que el ministro mendocino, pero sin dar explicaciones, en silencio. También en el Uruguay, las tabacaleras lograron lo que más querían: evitar la suba de los impuestos al cigarrillo. El gobierno uruguayo repitió lo que tramaron en Mendoza - pero sin necesidad de un Ministro escandaloso. Desde el 1° de Marzo del 2010 hasta el pasado lunes 22 de diciembre del 2014, durante más de cuatro años, el gobierno uruguayo dejó correr, se abstuvo de acompasar los impuestos a los cigarrillos, con la inflación.
Un informe de la DGI estableció recientemente, que el hecho de no haber actualizado el im¬puesto (a lo que se suma el IVA) generó pérdidas en 2011, 2012 y 2013 por US$ 22,7 millones de dólares. Esta regalía única otorgada a las fábricas, se sumaron dos subas de precio resueltas por las tabacaleras, para redondear su beneficio. Este es el daño menor que recibió el país. Sin tardanza y sin error, se sabe ahora que fue dañada seriamente la reacción admirable con la cual fue recibida y afirmada la campaña por el control del tabaquismo. Espontáneamente, sin necesidad de inspectores que controlaran, ni multas, los uruguayos crearon un ejemplo para el mundo que fue reconocido fuera de fronteras.
“El Uruguay recibió el premio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) entregado por su calidad de país 100% libre de humo de tabaco junto a otros cuatro países del mundo. El presidente Tabaré Vázquez emprendió una guerra frontal contra el tabaquismo tras asumir el cargo, en el 2005, y prohibió fumar en oficinas públicas, lugares de trabajo en general, clubes, bares, restaurantes y discotecas.” (EL OBSERVADOR, 31/5/07)
“Ocho de cada 10 uruguayos aprueba el decreto que prohíbe fumar en espacios cerrados de uso público, y el apoyo se extiende incluso entre los fumadores, ya que 63% aprueba la medida. Entre ellos, el 25% afirmó que fuma menos o mucho menos desde la entrada en vigor de la norma, el 1° de marzo.
Estos resultados forman parte de un informe que Equipos Mori elaboró para la Organización Panamericana de la Salud: El 94% de los uruguayos considera, por ejemplo, que los empleados tienen derecho a trabajar en un ambiente libre de humo de tabaco. “De los que son fumadores, el 87% estuvo de acuerdo con lo actuado, así como el 64% de ex fumadores.”
Esta formidable hazaña cultural, es intocable; la gente hizo suya la acción del gobierno. Por eso, el gobierno de ahora no debió atentar por desidia, contra una conquista lograda sobre la enfermedad y la muerte, cuando son los ciudadanos en masa que mostraron su voluntad por erradicar un hábito funesto.
“La OMS y su filial la Organización Panamericana de la Salud (OPS), manifestaron explícitamente su apoyo a la posición uruguaya,“que está defendiendo sus políticas de control del tabaco frente a un reclamo promovido por la empresa tabacalera Philip Morris.”
“Las normas aplicadas por Uruguay para reducir el consumo de tabaco están en línea con los mandatos del Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco, el primer tratado internacional de salud pública negociado bajo el auspicio de la OMS. Vigente desde 2005, este Convenio obliga a los estados firmantes a aplicar una serie de políticas y medidas para reducir el consumo de tabaco y para proteger a sus habitantes del humo de tabaco.”
Carissa Etienne, directora de la OPS, manifestó que “los esfuerzos de Uruguay por llevar adelante las normas dirigidas a proteger a su población del consumo del tabaco y del humo del tabaco ajeno, demuestran que el país no se ha dejado intimidar por la industria”.
Philip Morris inició su acción judicial, hacia febrero del 2010 y Uruguay pudo cobrar en tributos todo cuanto reclamaba Philip Morris, después que el Uruguay implementara advertencias sanitarias que ocupan el 80% de las superficies principales del paquete de cigarrillos, y que se estableciera un solo diseño por fábrica.”
El Gobierno uruguayo litiga con la tabacalera, ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial, en París. Philip Morris presentó un reclamo con el argumento de que las medidas sanitarias violan sus derechos comerciales.
Está claro que el Uruguay antepone la salud, a los compromisos pactados, cuando el daño que causa el tabaco, no estaba científicamente comprobado.
Un estudio publicado en 2012 por la revista médica The Lancet mostró que entre 2005 y 2011 el consumo de tabaco en Uruguay disminuyó en promedio un 23%. Este descenso fue aún mayor en los sectores más jóvenes de la población. Otro estudio de 2011, mostró una asociación entre la implementación de las medidas para asegurar ambientes libres de humo en Uruguay y una disminución del 22% en los ingresos hospitalarios por infarto agudo de miocardio.
En octubre, durante la sexta reunión de la Conferencia de las Partes en el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco, se tomaron una serie de decisiones dirigidas a proteger más fuertemente, las políticas de control del tabaco, ante las maniobras de las tabacaleras.
Ya son 30, de 35 países de las Américas, los que han ratificado este convenio, que contempla, entre otras medidas, exigir el uso de advertencias sanitarias con imágenes grandes en los paquetes de cigarrillos, proteger a la población de la exposición al humo del tabaco ajeno, hacer cumplir las prohibiciones sobre publicidad, promoción y patrocinio del tabaco, y “aumentar los impuestos sobre el tabaco.” Repito: aumentar los impuestos sobre el tabaco.
Esta es la manera en la cual se expresan las máximas autoridades en la defensa del Uruguay, ante el juicio que le sigue Philip Morris. Mientras tanto nuestro gobierno, desprecia nuestras obligaciones en defensa de la salud de los uruguayos, renuncia durante cuatro años al recurso principal en la lucha para el control del tabaco: el aumento de los impuestos, que frena el consumo; y omitió toda clase de acciones culturales demostrativas del daño que hace fumar. La vergüenza no termina aquí. Aquí empiezan las consecuencias que provocó esa abulia oficial. El 2 de enero del 2015, se publicó la siguiente noticia. “La venta de cajas de cigarrillos creció en el 2014 y fue la mayor desde el año 2009” (El País, 2/1/15).
Esta es la consecuencia de la tolerancia del gobierno, absorto en su lucha por oficializar el consumo de marihuana. Diría Pablo Neruda: ¡Mirad mi casa rota!

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