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De Stratford a Chamangá

Estamos a 450 años del nacimiento de Shakespeare, registrado en Stratford upon Avon, Inglaterra. Algo que está provocando festejos y representaciones a nivel mundial. Festejos y representaciones que se suman a todos los que se han hecho desde que por el siglo XVIII comenzó la idealización del autor de obras como “Julio César”, “Hamlet” y “Macbeth”.

Estamos a 450 años del nacimiento de Shakespeare, registrado en Stratford upon Avon, Inglaterra. Algo que está provocando festejos y representaciones a nivel mundial. Festejos y representaciones que se suman a todos los que se han hecho desde que por el siglo XVIII comenzó la idealización del autor de obras como “Julio César”, “Hamlet” y “Macbeth”.

¿Qué tiene que ver todo esto con el Uruguay del siglo XXI, un país que ni en sus más locos sueños el escritor inglés pudo imaginar?
Empecemos con una cuestión que arranca en el momento en que un clérigo preocupado porque una morera enorme amenazaba con caer sobre su casa, decidió cortarla de raíz. Los hachazos causaron una conmoción. No porque los gusanos de seda se verían privados de alimento sino porque el árbol había sido plantado por Shakespeare y Shakespeare empezaba a ser reverenciado. La intensidad de esta reverencia no había sido aun calibrada en su verdadera dimensión pero de inmediato se hizo sentir: una tormenta de furia se desató y el asombrado clérigo fue echado de Stratford. Entre otras medidas punitivas se decretó que nadie con su nombre sería autorizado a residir jamás en esa localidad.

El dicho popular expresa que del árbol caído todos hacen leña. En este caso se podría modificarlo y decir que todos hacen reliquias. Incontables reliquias. Incluyendo una cajita obsequiada a Garrick, el más famoso actor shakespeariano de entonces. Una cosa trajo la otra y así se llegó a las festividades de 1746, así como al Jubileo de tres días celebrado en el otoño de 1769, donde hubo de todo, incluyendo tortugas, fuegos artificiales, bailes de máscaras, procesiones y, lamentablemente, el viejo clima británico. Este garantizó lluvia continuada, a tal extremo que la procesión tuvo que ser dejada sin efecto y los fuegos de artificio no se pudieron encender.

Seguramente que hay otras instancias de rescate histórico, anteriores y posteriores a las de los viejos tiempos de Stratford que hoy se evocan por ese casi medio milenio del nacimiento del autor. Muchos de esos rescates, han servido de inspiración para la preservación de venerables monumentos. Y aquí entra en escena Uruguay, donde afortunadamente se abrieron las puertas a la revalorización de nuestro ayer. Desde la muralla de Montevideo hasta la localidad rupestre de Chamangá, ubicada en el Departamento de Flores donde en una zona de 12.000 hectáreas subsisten 41 pictografías realizadas con pigmentos naturales, cuando hace entre 3.000 y 2.000 años, artistas prehistóricos desataron su vena creativa.

Hace pocos días recibimos la noticia de una actitud que está en el polo opuesto de estos esfuerzos: en España, vándalos dañaron seriamente, a martillazos, pinturas rupestres de la Cueva de los Escolares de Jaén. ¿Querían robar el trabajo pictórico de hace más de 5000 años o simplemente destruirlo en un impulso de brutal ferocidad? La desaprensión de los protagonistas de este acto bárbaro ni siquiera puede ser comparada con la del clérigo que tumbó la morera que amenazaba con caer sobre su casa. Es algo más salvaje y que dice mucho sobre las formas desviadas de manifestarse que todavía, en nuestro tiempo, puede encontrar la condición humana. Esperemos que, entre otras reliquias, Chamangá no pueda ser alcanzada por tales salvajismos.

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