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Revolución de terciopelo

Por qué de “terciopelo”? Porque fue un movimiento pacífico mediante el cual se logró hacer perder el monopolio del poder político al totalitario Partido comunista de Checoslovaquia. Claro que a poco que se analiza el tema, el rasgo pacífico deja de asombrar ya que fue predominante en la suma de movimientos liberadores que surcaban como ventarrones por la Europa Oriental de aquellos tiempos. Los sacudones de la “revolución de terciopelo” venían de lejos. Por ejemplo, de la Unión Soviética, cuya Perestroika impulsada por Mijail Gorbachov a partir de 1985, fue deslizada a países aliados a través de paulatinas reformas que en ciertos casos llevaron a quiebres con visos de violencia, como el asunto del muro de Berlín, que siempre pregonamos como caído, cuando en realidad tuvo que ser derribado y sus trozos convertidos en “souvenirs” más o menos grandes. También de la misma Checoslovaquia donde en el año 1977 un grupo de intelectuales animados por el espíritu de la “Primavera de Praga” apla

Por qué de “terciopelo”? Porque fue un movimiento pacífico mediante el cual se logró hacer perder el monopolio del poder político al totalitario Partido comunista de Checoslovaquia. Claro que a poco que se analiza el tema, el rasgo pacífico deja de asombrar ya que fue predominante en la suma de movimientos liberadores que surcaban como ventarrones por la Europa Oriental de aquellos tiempos. Los sacudones de la “revolución de terciopelo” venían de lejos. Por ejemplo, de la Unión Soviética, cuya Perestroika impulsada por Mijail Gorbachov a partir de 1985, fue deslizada a países aliados a través de paulatinas reformas que en ciertos casos llevaron a quiebres con visos de violencia, como el asunto del muro de Berlín, que siempre pregonamos como caído, cuando en realidad tuvo que ser derribado y sus trozos convertidos en “souvenirs” más o menos grandes. También de la misma Checoslovaquia donde en el año 1977 un grupo de intelectuales animados por el espíritu de la “Primavera de Praga” aplastada por la Unión Soviética años antes, publicaron un manifiesto denominado “Carta 77”, en el que expresaban su disidencia con el régimen.

Mijail Gorbachov visitó Checoslovaquia en 1987. Esa visita concluyó con un pronunciamiento público del líder soviético en Praga, instando al gobierno comunista checoslovaco a seguir la misma liberalización política que estaba concretándose en la URSS con la perestroika. Pero los comunistas resultaron ser tozudos: los líderes locales querían seguir dominando. Liderados por Gustav Husak y Milos Jakes prefirieron mantenerse dentro de un severo marxismo ortodoxo.

Llegado el año 1989 podía comprobarse fácilmente que la situación política en los países del este europeo apuntaba hacia grandes cambios en procura de libertad y democracia. Cientos de alemanes orientales viajaron a Checoslovaquia para esperar allí que la embajada de Alemania Oriental les diera visas de entrada. A fines de agosto por primera vez en cuarenta años un no comunista pasó a ocupara el cargo de primer ministro en Polonia. Un mes después el gobierno de Hungría rehabilitó públicamente al líder de la fallida sublevación anticomunista de 1956, Imre Nagy. En noviembre, los marxistas que gobernaban Alemania Oriental declararon abierto el paso, sin limitaciones, a través del Muro de Berlín cuya destrucción empezó apenas horas después.
Es decir que en aquellos días de hace cinco lustros, sin violencia (salvo excepciones como la de Rumania) la democracia iba retornando a países como Checslovaquia que la había perdido en 1948. Esta nación se dividió en buenos términos en República Checa y Eslovaquia y el dramaturgo Vaclav Havel , fundador del movimiento Carta 77 fue elegido presidente de la República Checa, cargo que le fue confirmado en las elecciones de 1890.

Es oportuno recordar estos acontecimientos de un cuarto de siglo atrás, porque allí quedó en evidencia la corrupción y el desprestigio de los regímenes comunistas sembrados a lo largo y ancho del este europeo y que fueron cayendo como castillos de naipes. Recordarlos asimismo porque extrañamente, a pesar de todo, tiranías marxistas siguen en pie en países como Corea del Norte, China, Vietnam y Cuba. Peor aún: hay democracias que están siendo socavadas por comunistas, como ocurre en la nuestra.

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