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¿Qué quiere decir formar ciudadanos?

Cuando a un gobierno se le escapa de las manos la educación pública, nace la urgencia de borrar y empezar de nuevo en esa tarea, la principal de un sistema democrático.

¿Por dónde se pescará la punta del ovillo? Todo cuanto se haga debe de estar orientado al acto docente: la transferencia del saber y del modo de ser, la formación del educando.

Escribí más de una vez, sería bueno aplicarle a los muchachos que se desinteresan de ir al liceo, una buena dosis de atractivos.

El cambio fácil consiste en unificar la reformas ya probadas en el mundo y en el Uruguay: son infalibles y no levantan la resistencia de nadie: los centros de enseñanza primaria y secundaria deben ser de doble horario.

¿Qué pasaría en liceo de Maroñas (que tiene una repetición del 52% y una deserción temible, si estrenara un campus impecable y si hubiera campeonatos deportivos y reuniones sociales, fiestas con buena música bailable, y un edificio apropiado?

Después de atender una

Cuando a un gobierno se le escapa de las manos la educación pública, nace la urgencia de borrar y empezar de nuevo en esa tarea, la principal de un sistema democrático.

¿Por dónde se pescará la punta del ovillo? Todo cuanto se haga debe de estar orientado al acto docente: la transferencia del saber y del modo de ser, la formación del educando.

Escribí más de una vez, sería bueno aplicarle a los muchachos que se desinteresan de ir al liceo, una buena dosis de atractivos.

El cambio fácil consiste en unificar la reformas ya probadas en el mundo y en el Uruguay: son infalibles y no levantan la resistencia de nadie: los centros de enseñanza primaria y secundaria deben ser de doble horario.

¿Qué pasaría en liceo de Maroñas (que tiene una repetición del 52% y una deserción temible, si estrenara un campus impecable y si hubiera campeonatos deportivos y reuniones sociales, fiestas con buena música bailable, y un edificio apropiado?

Después de atender una vez más a lo material, inmediato, solo cabe volver a lo que importa al fondo del acto docente.

¿En qué consiste educar?

En 1913, José Ortega y Gasset inventó una palabra que se hizo de uso común. En una mera llamada al pie de página del ensayo titulado “Sobre el concepto de sensación”, dice:

-- “Vivencia” es todo aquello que llega con tal inmediatez a mi yo, que entra a formar parte de él. Y agrega: “Como el cuerpo físico es una unidad de átomos, así es el yo o cuerpo consciente, una unidad de vivencias”.

“Vivencia”, corresponde en español a “erlebnis”, en alemán.” (1)

En su edición 21ª (1999), el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), define “vivencia”:

“El hecho de vivir o experimentar algo, y su contenido.”

Esta definición degrada la creación de Ortega. Lo imposible de nombrar en español no era la acción de experimentar algo. Ortega necesita una expresión que nombre el “efecto” de ciertas experiencias, “que pasan a formar parte del yo”. Este es el hecho luminoso, exquisitamente humano para el cual no había palabra española que lo nombrara.

La RAE sustituyó para mal su definición anterior que era perfecta.

En la edición 19ª, del año 1970, el Diccionario de la RAE definía “Vivencia”:

--“Hecho de experiencia que con participación consciente o inconsciente del sujeto, se incorpora a su personalidad”

Hay experiencias inconducentes, que no cambian el yo; y hay experiencias que entran a formar parte viva del ser del individuo: solo estas últimas, se llaman vivencias. Sin esta distinción se hace muy difícil explicar la mecánica de la cultura que radica en nuestra capacidad de asimilar lo vivido.

La vivencia (percepción con modificación estructural del sujeto) puede provenir del mero vivir inmerso en la realidad fáctica o también puede provenir de haber vivido una serie de experiencias virtuales, hechos fictos, meras apariencias elaboradas por otro. Tal es el caso del contenido de una novela, de un poema, de un mito, de la metafísica, de una representación teatral.

A la realidad mundanal, el ser humano le agrega, la realidad fantástica, virtual, que en vez de ser natural es estratégica: se hace con intención, intentando algo.

Por tradiciones de origen imaginario o por la vívida percepción de valores metafísicos, la gente mata o muere y hay países que se parten y desaparecen.

Las peripecias reales vividas por los ciudadanos, suelen ser más dramáticas que la instrucción pública (transferencia de conocimientos o consideraciones).

La política, la economía, los hechos diarios son aleccionantes, cada uno de nosotros “hace hechos” y “al mismo tiempo “se hace” a sí mismo.” También actúan sobre la gente, los medios virtuales que deben ser humanistas y no degradantes de los valores. En este punto exacto descansa pues, la política cultural de un gobierno democrático, cuya primera función es formar ciudadanos cabales.

Corresponde aclarar: la belleza, frecuente en las obras de los grandes artistas, no es lo esencial del arte, como generalmente se dice. El arte va más allá, en ella pueden alternarse componentes antagónicos: la belleza y la fealdad, el horror y la placidez, la ternura y la brutalidad, la conmiseración y la indiferencia, la racionalidad y la brutalidad, lo abstracto y lo concreto, la claridad y la confusión. Las ficciones imitan la vida o no, pero si son arte, nunca dejan de imponer un cambio; son instrumentos programados, se definen como artísticas por su finalidad; procuran que, mediante vivencias, se encarnen valores; en esa fuerza de humanización, radica su mayor o menor grandeza.

En Nueva York una comedia musical puede ser inolvidable; pero el espectador sale de la función tal cual entró; simplemente se habrá distraído.

En Tel Aviv estuve en un museo diferente a todos. La visita consiste en caminar en una casi completa oscuridad, por un puente estrecho que podría estar sobre un abismo. Uno ignora hacia donde lleva, bajo la luz tenue de unas estrellas azules, altísimas. Se oyen a dos voces alternadas, vacías de expresión; pronuncian en el idioma correspondiente a su patria, el nombre de miles y miles de niños que murieron en los campos de concentración de los nazis. No hay ninguna explicación, ni se logra ver nada.

Pero la experiencia de este panfleto inolvidable, sigue por toda la vida, tan actuante como en el momento en el cual fue vivida, focalizando enteramente nuestra atención. Sucede lo mismo que con una pieza de Shakespeare pero en mínimo.

El arte no depende de la belleza, sino de su fuerza teleológica que apunta a fines emocionales. Toda obra de arte es un artefacto, un aparato dirigido a cambiar, no la realidad circundante, sino el modo de ser de los demás. Este hecho único, tanto gozado o como padecido en experiencias reales o imaginarias, permite vivir dos veces y permite convertirse en alguien diferente y mejor a quien uno fue.

Un salvaje puede ser tan bondadoso y tan inteligente como un hombre culto, pero un hombre culto está mejor preparado para hacer, ante cualquier circunstancia, lo más adecuado. (Cf. Max Scheler).

El arte, la filosofía, la religión y otras humanidades, son calistenias dirigidas a la culturización de las personas. Y es de ese nivel colectivo (trabajado por el Producto Culto Interno) que surge la calidad de la convivencia en cada sociedad.

No es fácil medir la cuantía del Producto Culto, pero hay números a los cuales puede recurrirse. La gráfica anual de los repetidores y de las horas de clase; el número de las patentes de invención; el tiraje de los libros editados, las entradas vendidas en espectáculos de arte.

La actividad vivencial es una actividad alimentaria que abarca toda la vida y todos los días, como manda el hambre.

Vivenciar grandes obras puede resultar placentero. La asimilación de cultura borra lo cotidiano y sus múltiples contingencias; abre otros mundos.

Arthur Schopenhauer considera la percepción cultural como el bien supremo; borra lo banal, la lucha por la vida, que suele ser sufrida y llena de asechanzas. Las humanidades superan la tosquedad natural.

De las tinieblas del subconsciente, mana el bienestar, cuando algo trabaja en lo íntimo; lejos de nuestra ansiedad animal.

Conviene repasar estos conceptos cuando un país se ve maleado por demasiados programas televisivos demasiado chabacanos; y sobre todo cuando se desfondan las bondades de la educación pública.

(1) “Obras Completas”, Ed, Revista de Occidente, Madrid, 1957, T I, pág 245.

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