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Los niños no tienen sindicato

Los niños pobres son mayoría y en ellos radica el futuro del país, pero no tienen edad para ejercer ninguna medida de fuerza; el Código Civil dice que son incapaces. Por consiguiente: están perdidos en medio de un sistema en democracia, pero regido por instituciones puramente (impuramente) lucrativas atenidas a un lema bajo: “PA mí, pa mama y pa loj gurise.” El reverso de un instituto docente del Estado, donde el principio es dar todo y no pedir nada.

Los niños pobres son mayoría y en ellos radica el futuro del país, pero no tienen edad para ejercer ninguna medida de fuerza; el Código Civil dice que son incapaces. Por consiguiente: están perdidos en medio de un sistema en democracia, pero regido por instituciones puramente (impuramente) lucrativas atenidas a un lema bajo: “PA mí, pa mama y pa loj gurise.” El reverso de un instituto docente del Estado, donde el principio es dar todo y no pedir nada.

El parlamento que acabamos de elegir, seleccionó a sus miembros con las más altas perspectivas, para que dicten las normas legales de aplicación general entre ciudadanos iguales; y sean creadores de instituciones orientadas al bien público; severos administradores en el uso del dinero público. En los últimos rincones de esa majestuosa y enmarañada serie de tantos deberes y tantas facultades legislativas, figura la de proteger a los más desamparados, entre los cuales están los estudiantes menores, niños y adolescentes que nacen en los hogares más modestos.

¿Por dónde empezar la formidable y gloriosa tarea de formar esa gente joven, mediante la mejor educación, educación, educación?
Por principio, esos padres de la patria deberán atender más y primero, a los más necesitados, a los casos de urgencia: a las escuelas y los liceos donde más abundan los repetidores y los desertores; los condenados a no entender Es un requerimiento del humanismo, empezar por salvar a los niños que hoy son desdeñados al barrer, cual si se tratara de desperdicios. Hay instituciones de enseñanza pública donde los repetidores son más del 50%.

La esencia moral que engendra las naciones radica en su cuidado de los ciudadanos que vendrán. Quienes no sientan esa responsabilidad y están en el Palacio Legislativo, erraron su vocación; y sin malicia, trabajarán para malear la calidad de vida en su país.

La gravedad del empobrecimiento moral o intelectual, se multiplica empujada por la aritmética de la fecundación; son más, los niños pobres que nacen, bajo la línea de pobreza.

Hay planes de ayuda para los padres más desamparados a quienes se entrega, contra nada, una asignación; pero ese subsidio es siempre insuficiente para compensar la injusticia cultural; por lo regular el nivel de las familias carenciadas es bajo y los muchachos no logran a tiempo, entender que disponen de pocos años para formarse. A los segregados por indigencia, no es cuestión de ayudarlos, a comer y punto; se necesita sacarlos de la desazón malsana que provoca la falta de esperanza.

Nada es más lento para brotar o para morir, que la cultura o la incultura; ambos, son efectos a la larga. Perdida la ocasión por ser repetidor o desertor, el modo de ser del muchacho, tiende a hacerse incurable.
Los estudios requeridos dentro del tiempo contado del cual dispone un niño o un adolescente, pasa entre nosotros, menguado carcomido, por las medidas gremiales (paros y huelgas) ejercidas como si la pugna fuera por cosas; y no por jóvenes en formación. Y es en este punto exacto, donde radica la cuestión. El agravio inferido a los chiquilines de los barrios pobres, es gravísimo, y rara vez puede repararse; lo normal es, que no tenga remedio. Los que pierden un año y son apartados, se hacen desertores, quedan entretenidos con nada, ociosos y callejeros y en un par de años, se ven fuera de su de generación; si vuelven a clase, serán el grandote torpe, en medio de los otros más chicos y más apegados a estudiar.

Las interrupciones del servicio docente debidas a problemas entre funcionarios públicos y el Estado, nada tienen que ver con los perjuicios crónicos que quiebran a los estudiantes quedados. Casi siempre, la vida de esos jóvenes se ve alterada de manera definitiva.

Sabemos muy bien qué debe hacerse; y sin embargo, la paralización de las escuelas de tiempo completo, que se necesitan, en vez de provocar un escándalo, está rodeada de un profundo silencio. Lo único que se sabe es que no se sabe por dónde empezar.

Parecería que nadie gana nada, atendiendo al porvenir de los niños. ¿Dónde están sus defensores? Dije niños. Hace ocho años, el titular del Codicen prometió que se aumentaría en un 50% la cobertura de las escuelas de tiempo completo” (El País, 15/7/06). Pero sucede que pasó una carrada de años y nada se hizo.

También es cierto que la intención venía mellada de origen. En vez de multiplicar y perfeccionar rápidamente, las escuelas de tiempo completo; y en vez de concentrarlas en los barrios pobres,
propusieron un modelo “alternativo” para abaratar el costo. Y no solo eso: La idea era tratar igual a los niños victimados por los cantegriles, que a los niños de la mejor zona de Carrasco. ¡Eran partidarios de la igualdad!
Aristóteles y su regla lesbia enseñaron otra cosa. Tratar del mismo modo lo que es diverso, es una gravísima injusticia. Y querer “abaratar recursos” en las escuelas públicas donde se juega la justicia cultural más grave aún. ¿Es un error humano o es una falta de voluntad política inexplicable?

Los gobiernos se renuevan, para cambiar el modo de pensar.
El maestro Héctor Florit, cuando formaba parte del Codicén dijo:
-- “Hoy tenemos un informe que hace hincapié en la calidad y que nos aporta elementos significativos, por ejemplo en cuanto a los excelentes logros de las escuelas de tiempo completo. Si el resultado de esta investigación demuestra que la continuidad en la modalidad de esas escuelas significa una mejora progresiva en las sucesivas generaciones de niños que egresan, la incorporación inmediata de tales instituciones, la sustentabilidad de esa política, se hace de primera necesidad para el aprendizaje de los niños de los sectores más carenciados.

Si hay conveniencia en generalizar esta modalidad de enseñanza, surge claramente la necesidad de priorizar el gasto de las ETC atendiendo a la realidad. El costo de estas escuelas es un 57% más alto que el de una escuela de medio tiempo.

Las ETC son relevantes para los sectores sociales que no tienen oportunidad complementaria de aprendizaje (un club, profesores particulares, inglés, academia, guitarra); la necesidad no es la misma en la pobreza que en los sectores donde en lo familiar y doméstico, los niños alcanzan buenas oportunidades”.

Carmen Tornaría cuando integraba el Codicen, dijo:

-- Una cosa fundamental que se hizo en el periodo anterior fue el desarrollo de las escuelas de tiempo completo. Para mi gusto, en este punto se muestra uno de los dramas de la escuela pública actual: Si no logramos rápidamente continuar con el impulso que tomaron estas escuelas y la pre escolarización - ambas cosas fueron juntas - la escuela pública se va a ir desgranando.

Me hace feliz que la enseñanza tenga 30 millones más. Pero así fueran 100 ó 200 millones más, en mi opinión, los problemas que tiene la educación uruguaya, no se arreglan con plata. Los recursos son necesarios, pero eso solo, no es suficiente. Acá lo que hace falta son ideas rectoras. Faltan planes y más concretamente, faltan escuelas de tiempo completo.

Yo pondría toda la plata en construir escuelas de tiempo completo. Ya hay un piso, son más de cien en Montevideo y algunas en el interior. Pero ese impulso se frenó (Voces del Frente, 5/7/07).

Hace siete años que sabemos qué debe hacerse. El gasto público se multiplicó y poco se hizo donde más importa. Los resultados son aterradores. Las instituciones de tiempo completo son un éxito probado.

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