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Mercosur, decime que se siente

Asombrosamente, el tema fuerte del campeonato mundial de fútbol, fue el desafecto. Esta nota se propone verificar de donde mana el fervor o la contra fratricida que se puede ver y oír, cuando un estadio está lleno y se unifican los bloques de partidarios.

Asombrosamente, el tema fuerte del campeonato mundial de fútbol, fue el desafecto. Esta nota se propone verificar de donde mana el fervor o la contra fratricida que se puede ver y oír, cuando un estadio está lleno y se unifican los bloques de partidarios.

Mirando la pantalla de un televisor se ven mejor los partidos, pero no es lo mismo, la simpatía que nace al saltar y gritar todos juntos por un gol, que es un hecho vital único. Es un momento que se vive y deja su marca. Cuando las confrontaciones son internacionales y se trata de un campeonato mundial de fútbol, el espectáculo arma en las tribunas grupos que develan muchas cosas imposibles de advertir en la vida ordinaria.

El mejor censo no es el mejor organizado, el mejor censo del sentir popular se da en la expresión espontánea que se ve y se oye en el trueno de un estadio cuando clama y unifica y es una voz gigante. En esa multitud consolidada; ninguno quiebra el coro que marca en diez segundos, la decisión del destino. Ninguno de los que así, cuerpo a cuerpo, se integran a una persona colosal, deja de sentir su euforia liberada.

En ese escrutinio no hay sitio para fingir. La ovación se hace rugido en el más puro estado de sinceridad. A tal punto que cuando se cuenta a posteriori lo protagonizado por once jugadores, se nombra diciendo: “Ganamos”, “Hicimos el primer gol…”, les pasamos por arriba.” Son figuras legítimas del lenguaje metafórico, trasladan la acción triunfadora de uno de uno que convierte, a la emoción colectiva del triunfo, del cual todos participan en un bloque de igualdad.

Ningún espectador de espectáculos públicos cumplidos en toda su extensión es excluido del ramalazo simpático (sentimiento en común) que llega a tocar como un latigazo el gozo compartido. Es un orgasmo que nada tiene que ver con el sexo.

La naturaleza suele premiar más a menudo de lo se dice. Por algo la vida es el hecho más precioso que signa el universo. Lo que digo está y se vive en un estadio, en el teatro; ante una puesta de sol; o del modo más salvaje, en un banquete. En la lectura solitaria de un libro. Cada vez que inventamos (y no hay nadie en este mundo, que no haya inventado algo) nace esa alegría. El campeonato que acabamos de presenciar probó mediante el júbilo avasallante, hasta donde el Mercosur ha obrado como una herramienta de desintegración regional.

La adhesión deportiva, que nunca se sabe de dónde viene; y su contra figura, el desagrado sin causa aparente, probaron a ojos vista, hechos hasta donde el fracaso del Mercosur se reflejó con nitidez. El Mercosur fue una unión que separó el ánimo recíproco de los desunidos, hasta convertirlo en una querella amarga. Fue algo negativo en cuanto a la amistad ingenua de gente hermanada por la historia y el lenguaje. Rompió nuestra región más querida.

El proceso que empezó para crear una unión aduanera, no logró avanzar a ningún entendimiento comercial, económico o monetario; y finalmente cuajó en un espantoso pandemoniun de todos contra todos; hubo, hay, una completa anarquía sentimental. Suma: El disloque que cuajó en los estadios brasileños; mostró el encontronazo más inesperado: el rechazo de la patria grande.

Leo el campeonato en clave de hinchada.

Primero quisimos que Chile le ganara a Brasil en los penales; después que Holanda le ganara a Argentina en los penales;
después las encuestas nos avergonzaros más; la inmensa mayoría de los uruguayos (y yo también) quisimos que el domingo pasado Alemania saliera campeón del mundo. Vimos ese sentimiento y lo palpamos en la pantalla del televisor. ¿Cuantos uruguayos gritamos el gol de Alemania. pensando que Cristina era el golero. La hidra del al sentimiento mercosuriano creció en Uruguay con respecto a Argentina y Brasil; algo parecido a lo que generaba la Union soviética, en los países del este de Europa, cuando Putin era agente de la KGB.

Uruguay estuvo, históricamente, respaldado alternativamente, por Argentina o por Brasil hasta que el Mercosur unió a los dos grandes, en contra de los menos grandes. Así fue a partir de Lula y Dilma; en vez de respaldarnos ante las agresiones encadenadas de la ínfima trupe K, que prefiere perjudicar a su país, con tal de dañar al Uruguay.

Itamaratí mira para el otro lado y sigue pro porteña. El Bric lo distancia de nosotros y del continente al cual no sabe atender para convertirse en su líder natural. El único presidente servicial del planeta que respaldó la sanción vengativa aplicada a Suárez, fue Lula; dijo sin ninguna necesidad (por tener la marca ardiendo del viejo maracanazo) que estaba muy bien y aclaró a la manera del gracioso del batallón, que Suárez había confundido al italiano con una deliciosa picanha uruguaya.

El Mercosur es torpe y ácido y a medida que dura inútilmente, degenera más y más en un órgano gangrenado. La respuesta lógica y emocional es una rabia patriótica y equivocada, del sentir uruguayo y paraguayo. (Paraguay, el más relegado y humillado en el Mercosur no estuvo en el Mundial, donde mostró el buen gusto de no clasificar).

La canción que mal cantaba Tinelli (revoleando la camiseta de Argentina, el viernes anterior a la final); y el desconocido que la canta desde el principio, en plan barra brava o murga, suprimen la “n” y se les oye clarito: “Brasil decíme que se siete (por el 7 a 1 contra Alemania). Y Tinelli agregó un mamarracho más:

-- “Mañana sábado, juegan las inferiores....Holanda y Brasil. El domingo, la primera división: ...Argentina-Alemania”. Lo único en lo cual no pensó Tinelli fue en el score de Dios: Benedicto: 16; Francisco, 1.
Antes, cuando Perón, consultábamos a Brasil en caso de conversar sobre acciones de hecho, hora el Uruguay sabe que no cuenta con Brasil. Brasil no nos quiere, aunque no ame tampoco, la cristinidad y sus alardes de compadrito. Todavía ahora, seguimos siendo el enemigo que eligieron los Kirchner. Un periodista porteño preguntó: Brasil: decíme que se siente…¡tener en casa a tu papá! Un periodista brasileño devolvió el cumplido; le pregunto al director técnico argentino...”Sabella: sabéla: decíme ¿que se siente?”

No sabría como ubicar a los 4 paises en el podio del resentimiento. ¿Quien se tiene más bronca en el Mercosur? Argentinos y brasileños entre si, uruguayos con argentinos gracias a los K. Uruguay contra Brasil por la indiferencia despectiva de tratarnos como a un enano llorón.
Prefiero callar en esta lista, el crimen mayor, el más imperdonable, que cometió el Uruguay. La actitud que nos pesa en la conciencia: cuando lo abandonamos y violamos contra él, nuestro pacto firmado, para beneficiar a Venezuela. Nada nos disminuye tanto como ese golpe bajo.

La integración regional está en llamas; la presidenta argentina recibio a los jugadores en el aeropuerto con las palabras que Rudy Giuliani pronunció al agradecerle a los bomberos de Nueva York, después de la catástrofe de las torres gemelas. Las caras de los jugadores demostraban sorpresa, tristeza y al final, indignación con la señora que les aclaró que no había visto ningún partido. Nadie le creyó, ni la admira, ni la quiere. Países distanciados, como estos que desintegran la región, se niegan entre sí, la posibilidad de hermanar siendo hermanos.
Carlos Calvo, economista argentino, le consejó al Uruguay, mudarse de continente. En el campeonato mundial, unas satisfacciones malas, derrotistas, ahondaron la derrota que todos tuvimos.

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