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Libros bajo el sol

Cada libro es un puente colgante que permite soñar con los ojos abiertos. En estos días de vacaciones dedicamos esta columna a sugerir, a quienes las disfrutan bajo el sol como a los que gustan leer en su sillón preferido, dos recientes títulos ineludibles.

Cada libro es un puente colgante que permite soñar con los ojos abiertos. En estos días de vacaciones dedicamos esta columna a sugerir, a quienes las disfrutan bajo el sol como a los que gustan leer en su sillón preferido, dos recientes títulos ineludibles.

A los 88 años (cumplió 90) James Salter decidió volver a escribir una novela, tras mantenerse alejado de ellas tres décadas. Pues bien, la ha terminado y su aparición fue todo un acontecimiento literario. Y ya tenemos a la mano la edición castellana de “Todo lo que hay” (Salamandra/Gussi). El nuevo libro le ha deparado elogiosos comentarios. John Irving dijo que su lenguaje era como para “complacer a Shakespeare”, y para Julian Barnes la novela está “llena de fuerza y sabiduría”.
Salter fue ingeniero, piloto de aviones y combatió en Corea. Luego fue periodista, dirigió películas en Hollywood y, finalmente, se dedicó a escribir. Novelas como “Años luz” y relatos como “Anochecer”, revelaron su talento narrativo, merecedor de diversos premios. Su inagotable afán por exponer a través de la ficción, con rigor y honestidad su mundo, le ha dictado esta novela ambientada en las décadas doradas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Todos los temas de Salter están presentes en esta novela, pues como bien decía Ernesto Sábato, todo escritor auténtico escribe siempre la misma novela cambiando levemente el argumento.
Su personaje central (Boewman), a través de su pasaje por Okinawa, Harvard y luego en una editorial, se siente crecer, transitando los caminos del amor y la ambición. De esta manera, la nueva novela de James Salter, fiel a su título, cuenta “Todo lo que hay” en la vida de su personaje central, pero también sugiere lo que podría haber vivido si hubiera seguido otros ejemplos. Lo narra de manera deslumbrante. Como bien se ha dicho, leerlo es semejante a paladear un clásico de las letras modernas.
Otra novela a mano del lector es “La hierba de las noches” (Anagrama/Gussi), la más reciente, en nuestra lengua, del reciente Premio Nobel, Patrick Mediano. Quienes han disfrutado las obras de este escritor francés, como la clásica “Calle de las tiendas oscuras” y “En el café de la juventud perdida”, advertirán que hay semejanzas con ellas. Es éste un mundo que conocemos, y que nos reconcilia con el placer de leer ciertas verdades eternas.
Una vez más, París es la geografía espiritual de esta nueva novela, que desarrolla la historia de un escritor (su alter ego), en busca de personajes que se han perdido en el pasado.
Sus criaturas evocadas, de los tiempos de la juventud, son siempre enigmáticas, complejas, y en torno a ellas se entreteje un mundo, en novelas de misterio. En medio de esa ciudad fascinada, estos personajes ambulan envueltas en enigmas que atrapan, mientras oscilan entre el hoy y el ayer.
Patrick Modiano ha creado un mundo que se conoce literariamente como “modianesco”. Desde allí surge esta magnífica novela, escrita con cautivadora intensidad, que contiene amor, memoria y una intensa melancolía. Sus páginas tienen la perfección de sus novelas más trabajadas, y ellas justifican, una vez más, el Premio Nobel que le fue concedido hace tres meses.
Recordemos que Borges se jactaba más de los libros que había leído, que de los que había escrito.

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