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Gracias, señor Castro

Fidel Castro ya no es el líder omnipresente en los medios de difusión estatales cubanos pero sin embargo no ha totalmente abandonado su afición por indicarle a sus compatriotas lo que tienen que pensar. Ello aunque desde 2008 le haya entregado sus poderes dictatoriales a su hermano Raúl. Es así que el periódico oficial Granma publica regularmente sus puntos de vista sobre temas del momento, buscando recauchutar los aires de la revolución que lo llevó al poder en 1959.

Fidel Castro ya no es el líder omnipresente en los medios de difusión estatales cubanos pero sin embargo no ha totalmente abandonado su afición por indicarle a sus compatriotas lo que tienen que pensar. Ello aunque desde 2008 le haya entregado sus poderes dictatoriales a su hermano Raúl. Es así que el periódico oficial Granma publica regularmente sus puntos de vista sobre temas del momento, buscando recauchutar los aires de la revolución que lo llevó al poder en 1959.

A veces es bueno leer dichos mensajes porque contienen, especialmente si se vislumbra su trasfondo, verdades larvadas. Es así que hace pocos días Castro dedicó parte de una columna a la muerte de Oswaldo Payá y Harold Cepero Escalante, ocurrida hace dos años y jamás aclarada debidamente del punto de vista oficial. Sí aclarada desde otros puntos de vista, a los cuales el dirigente de 88 años describe como difamatorios.
Como en estos momentos el gobierno comunista cubano está tratando de mostrarse más tolerante y abierto a negociaciones con Estados Unidos, no es ocioso evocar el asunto referido ya que el mismo muestra el verdadero rostro de los mandamás de la isla caribeña.

Fue en 2012 que un auto que transportaba a los dos disidentes y dos políticos europeos (uno sueco y otro español), se estrelló contra un árbol. Oficialmente el gobierno cubano informó que se trató de un mero accidente que involucró a un auto que viajaba a velocidad excesiva, resultando en la muerte de los dos cubanos. Pero desde un primer momento se sospechó que había una mano negra en el episodio.
Payá era un fuerte crítico del régimen y Cepero Escalante era activista del Movimiento Cristiano Liberación, fundado por Payá en 1988. Este movimiento pidió una “investigación transparente” del siniestro que la prensa oficial calificó como “lamentable accidente”, sin mencionar la importancia política de las víctimas ni la de los europeos que iban con ellos.

Es más, el español Angel Carromero que conducía el coche fue detenido, procesado y condenado a cuatro años de prisión bajo la acusación de homicidio. Simultáneamente al sueco lo liberaron, a pesar de que estaba realizando actividades “ilegales” (en Cuba es ilegal relacionarse con quien uno quiere).

Carromero logró eludir la pena de prisión, cumpliéndola nominalmente en España. Una vez en Madrid se atrevió a declarar con sinceridad que el accidente fue provocado por vehículos de los servicios secretos de Cuba, que los golpearon de atrás, lanzando a su coche contra un árbol. Más grave aún es lo que sigue: Carromero explicó que Payá “salió vivo” del incidente y fue luego asesinado. Explicó que la versión sobre exceso de velocidad fue “una coartada perfecta para ocultar la muerte del único opositor que podía liderar la transición en Cuba”.

Desde un primer momento, familiares de Oswaldo Payá sostuvieron que había habido dolo en el accidente. Entretanto, en Uruguay la mayoría legislativa frenteamplista bloqueó el intento de homenajear al difunto, candidato en cuatro ocasiones al Premio Nobel de la Paz y ganador en 2002 del premio Andrei Sajarov del Parlamento Europeo.

Es bueno señalar que al intentar Fidel Castro blanquear la actuación de los agentes secretos cubanos, ha ayudado a que no se fuera desdibujando este tan trágico como elocuente caso. 

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