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El fantasma de Hitler

Adolf Hitler sigue generando problemas. Ahora el asunto está centrado en su libro Mi lucha (Mein kampf), escrito en 1924 mientras estaba en la cárcel por haber liderado un fallido golpe de estado. Las 700 páginas sentaron las bases de un credo racial, profundamente antisemita, que condujo al Holocausto y a la Segunda Guerra Mundial.

Adolf Hitler sigue generando problemas. Ahora el asunto está centrado en su libro Mi lucha (Mein kampf), escrito en 1924 mientras estaba en la cárcel por haber liderado un fallido golpe de estado. Las 700 páginas sentaron las bases de un credo racial, profundamente antisemita, que condujo al Holocausto y a la Segunda Guerra Mundial.

Al finalizar dicha guerra, se habían hecho circular diez millones de ejemplares de Mi lucha, ese texto no solo detestable sino además mal escrito, pero que aun así, sirvió de basamento para el Tercer Reich. Después de la conflagración mundial el fárrago nazista quedó circulando libremente. Arquetipo de su género y posible vacuna contra toda posibilidad de revivir la mentalidad con la cual se le pudiera vincular. Al extremo de que el primer presidente de Alemania Occidental de posguerra, Theodor Heuss, en 1959 recomendó publicar nuevamente Mi lucha como documento cautelar para el pueblo alemán.

Pero Heuss fue desoído y la mencionada libertad de circulación no fue total. El estado de Baviera, tenedor de los derechos de autor de Mi lucha negó durante décadas que se hiciera una reedición. Esto va a cambiar a partir del año próximo, cuando dichos derechos expiren y cualquiera pueda publicar el libro, trátese de un editor de obras de circulación limitada, una empresa capaz de hacer una edición masiva o hasta un grupo de tinte neonazi.

El tema vuelve a entrar en ebullición. Peter Ross Range, en The New York Times dijo que dejar fluir Mi lucha en el torrente cultural de Alemania “seguramente será un momento especial. En una nación que compra libros ávidamente y gusta debatir en público, otra vez encenderá debates intergeneracionales dolorosos acerca de cómo padres y abuelos se dejaron arrastrar tan ciegamente”.

Cabe imaginar la tempestad que todo esto podrá generar cuando la simple lectura del artículo de Peter Ross Range dio lugar a un alud de correspondencia. Ha aquí lo que expresó un sobreviviente del Holocausto:

“No olvidemos que la quema de libros y la prohibición de ideas que se opusieron al Partido Nazi fueron un rasgo del Tercer Reich en los años que llevaron a la Segunda Guerra. Había buena razón para esto. Hitler y sus colegas se dieron cuenta tempranamente del poder de las ideas, palabras y propaganda. En el período antes de la guerra ellos usaron palabras con devastador efecto y al mismo tiempo encararon violentamente la disidencia. Mein kampf fue el modelo para la exterminación de seis millones de judíos y millones de otros en el Holocausto. Es por lo tanto un documento esencial para ayudar a los alemanes a comprender su historia, aun a riesgo de que neonazis pudieran también usar el libro para promover una agenda siniestra. El manifiesto de Hitler debería continuar siendo publicado por su valor para los historiadores, académicos y estudiosos de la historia de la Segunda Guerra y el Holocausto. Pero las reimpresiones deberían hacerse responsablemente, con una introducción y anotaciones donde sea apropiado, explicando el contexto histórico y el efecto de las palabras y acciones de Hitler”.

Aunque a los tumbos, por fortuna el mundo de hoy se distancia más y más de horrores como los hitlerianos. La lectura de textos como Mi lucha ayudará a acentuar ese alejamiento.

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